COMENTARIO

 Flp 1,1-26 

En esta carta, San Pablo va a abrir su corazón de Apóstol a los fieles de Filipos. Comienza por expresar la alegría que siente —no obstante estar entre cadenas (1,1-26)— al pensar en ellos y en el Evangelio. Les pide que, aun estando él ausente, colmen su alegría viviendo la unidad en la humildad. En el abajamiento de Cristo tienen el ejemplo (1,27-2,18). Pablo compensa su ausencia de Filipos con el envío de unos hermanos (2,19-30) y con la carta, con la que, para fortalecer su vida cristiana, les previene frente a algunos intrusos, aviva su esperanza en el Cielo y les agradece la ayuda que le prestan (3,1-4,23).

Este escrito se caracteriza por reflejar con más fuerza que ningún otro los sentimientos de afecto y aprecio de San Pablo a los cristianos de las comunidades que había fundado. Además del saludo (vv. 1-2) y la acción de gracias por la fidelidad de los destinatarios (vv. 3-11), puntos que son habituales en su epistolario, aquí encontramos reflexiones del Apóstol sobre su situación personal (vv. 12-26).

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