COMENTARIO
Pablo contempla agradecido su situación en prisión, pues le ofrece la oportunidad de prestar un testimonio que está resultando favorable para la difusión del Evangelio. Como él, también hoy los discípulos de Cristo «plantean a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Pues bien, ese testimonio constituye ya de por sí una buena proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva (…). Sin embargo, esto es insuficiente, pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es (…) explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús» (Pablo VI, Evangelii nuntiandi, nn. 21-22).
No sabemos a quién se refiere cuando menciona a los que predican a Cristo «por envidia y rivalidad» (v. 15). Pero, en cualquier caso, se alegra de que sea predicado el Evangelio (cfr Mc 9,38-40).