COMENTARIO

 Flp 1,27-30 

La expresión griega traducida por «llevar una vida digna» (v. 27) tiene un significado más preciso: «vivir como dignos ciudadanos». Aludiendo quizá al derecho de ciudadanía romana que tenían los habitantes de Filipos, y del que estaban muy orgullosos, Pablo enseña que los cristianos, junto con la posición que ocupan en la sociedad, tienen una ciudadanía en los cielos (cfr 3,20). Se trata, en definitiva, de vivir aquí en la tierra como ciudadanos del Reino de Dios, sabiendo que «la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 21).

El dolor y las dificultades son ocasiones providenciales que permiten al cristiano identificarse más plenamente con Cristo, abrazándose sin temor a su cruz (v. 29). «¿Qué importa padecer, si se padece por consolar, por dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a Él en su Cruz, en una palabra: si se padece por Amor?…» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 182).

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