COMENTARIO

 Flp 2,25-30 

La situación de Pablo en prisión no escapaba a los planes de Dios. Encendió el amor y la generosidad de los filipenses, que enviaron a Epafrodito para que atendiera al Apóstol en cuanto necesitara. «El sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en la “civilización del amor”» (S. Juan Pablo II, Salvifici doloris, n. 30). Es también conmovedor leer ahora los modos delicados con que vivían los primeros cristianos la fraternidad entre sí y el afecto respetuoso y práctico hacia sus pastores.

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