COMENTARIO

 Flp 3,1-6 

A la entrada de algunas casas romanas era frecuente encontrar un cartel que advertía: Cave canem («Cuidado con el perro»). San Pablo utiliza esas palabras para señalar, con una frase expresiva, la atención que debían poner los filipenses para no dejarse engañar por los «malos obreros», que, en vez de ayudar a la construcción de la obra de Cristo, la entorpecían. En el Antiguo Testamento la circuncisión constituía la señal de pertenencia al pueblo de Israel, garantía de las promesas salvíficas que Dios había hecho en el Sinaí. Pero algunos predicadores cristianos de tendencia judaizante defendían que la circuncisión también era necesaria para todos los que habían abrazado la fe procedentes del mundo gentil. El Apóstol designa a éstos peyorativamente como «los de la mutilación» (v. 2), pues sólo atendían a la circuncisión meramente externa o carnal. Sin embargo, para un cristiano el verdadero motivo de gloria es su configuración con Cristo, que comienza en el Bautismo. El Apóstol manifiesta su condición de judío, de la que se siente orgulloso, para mostrar a los filipenses su autoridad moral frente a esos predicadores.

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