COMENTARIO
El principio que fundamenta la conducta moral del cristiano es su unión con Cristo, que comienza con el Bautismo —verdadera resurrección espiritual— y se perfecciona con los demás sacramentos y con la vida de oración. De ahí la búsqueda incesante de «las cosas de arriba» donde está Cristo (3,1-4). Para eso, la trayectoria moral del cristiano comienza por apartarse de los vicios del «hombre viejo» y revestirse del «hombre nuevo» (3,5-11), ejercitándose en las virtudes (3,12-17). Todo eso ha de manifestarse en la vida doméstica (3,18-4,1), y en el comportamiento social: el cristiano, apoyado en la oración, es invitado a procurar, mediante un comportamiento noble, que todos se acerquen a la fe (4,2-6).