COMENTARIO
El «hombre viejo» (v. 9) es el que se deja dominar por las inclinaciones de la concupiscencia desordenada. El discípulo de Cristo, que ha sido renovado y vive para el Señor, posee un nuevo y más perfecto conocimiento de Dios y del mundo, ve las cosas con una perspectiva más alta, con visión sobrenatural, que no es sino «dejarse mover y poseer por la poderosa mano del autor de todo bien» (S. Ignacio de Loyola, Epístolas 4,561-562).