COMENTARIO
Las virtudes que enumera el Apóstol como características del hombre nuevo son diversas manifestaciones de la caridad, que es el «vínculo de la perfección» (v. 14). «Si el amor no va por delante, no se cumplirá ninguno de los preceptos. Pues sólo dejamos de hacer el mal a los demás y nos preocupamos de hacer el bien, cuando amamos a los demás» (Severiano de Gábala, Fragmenta in Colossenses).
Haciendo las cosas bien, por amor, todas las realidades auténticamente humanas son santificables y deben ser santificadas (v. 17). «Os aseguro (…) que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intranscendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte (…) parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria» (S. Josemaría Escrivá, Conversaciones, n. 116).