COMENTARIO
Las recomendaciones son análogas a las de otros pasajes paulinos (cfr Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,6) en los que subyace una concepción de la Iglesia como familia de Dios, compuesta de diversos miembros. Frente a las falacias de quienes con su conducta depravada niegan lo que dicen creer, Tito es urgido a enseñar un comportamiento sincero conforme con la fe. En efecto, característica importante de la conducta moral cristiana es la de no reducirse a un código ético abstracto, sin fundamento teológico, sino ser la consecuencia lógica de la «sana doctrina» (v. 1), esto es, de la verdad de fe que se confiesa. «Existe un vínculo entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la de la fe: Los fieles deben creer los artículos del Símbolo “para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen” (S. Agustín, De fid. et symb. 10,25)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2518).
La fe cristiana reclama un esfuerzo perseverante por mantener una conducta intachable, no sólo por coherencia con lo que se cree, sino también para ofrecer a todos el testimonio atractivo y creíble de una vida limpia. «Así, viviendo cristianamente entre nuestros iguales, de una manera ordinaria pero coherente con nuestra fe, seremos Cristo presente entre los hombres» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 112).