COMENTARIO

 Tt 3,1-2 

La libertad de los hijos de Dios ganada por Cristo no lleva consigo un antagonismo hacia las autoridades civiles legítimas ni una oposición por principio a las estructuras existentes, sino el anhelo de promover los cambios oportunos sobre la base de un deseo de mejora personal: «Solamente recurriendo a las capacidades éticas de la persona y a la perpetua necesidad de conversión interior se obtendrán los cambios sociales que estarán verdaderamente al servicio del hombre» (Congr. Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius, n. 9,8). Por lo demás, el cristiano debe acatar la autoridad legítima (cfr Rm 13,1-7; 1 Tm 2,2; 1 P 2,13-14).

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