COMENTARIO

 Flm 21 

San Pablo no afronta directamente el tema de la esclavitud, que pertenecía a la estructura social de la época, pero aporta los principios cristianos que son el germen de la abolición de la esclavitud en los lugares donde el espíritu cristiano ha impregnado las conciencias de los ciudadanos y las leyes de los pueblos. Sin embargo, el Apóstol reclama delicadamente una conducta coherente con la doctrina del Evangelio. Éste es el contenido de ese «más» que Pablo esperaba de Filemón: debía tratar a Onésimo como verdadero hermano en la fe, en plano de igualdad, sin acepción alguna por motivo de clase o condición. «Convenceos de que únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: “Dios es amor” (1 Jn 4,16). Hemos de movernos siempre por Amor de Dios, que torna más fácil querer al prójimo, y purifica y eleva los amores terrenos» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 172).

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