COMENTARIO
Más que una carta dirigida a destinatarios conocidos, este escrito sagrado parece un tratado u homilía de carácter sapiencial. Las recomendaciones se suceden sin seguir un orden. Comienza con instrucciones sobre la paciencia en las pruebas y el respeto a la dignidad de los pobres (1,2-2,13). Después muestra la necesidad de las obras que han de acompañar a la fe (2,14-26); y pasa de nuevo a dar recomendaciones concretas (3,1-5,20), entre las que sobresalen las amonestaciones a los ricos (5,1-6) y el valor de la oración y unción sobre los enfermos (5,13-18).
El título de «siervo de Dios» (v. 1) se daba en el Antiguo Testamento a quienes destacaban por su fidelidad al Señor, como Moisés, David, o los profetas. En el Nuevo se aplica a todos los cristianos, y de un modo particular a los Apóstoles (cfr Hch 4,29; 16,17; Ap 1,1) para subrayar su carácter de humildes mensajeros de la verdad divina.
«De la diáspora». Originalmente indica a los judíos residentes fuera de Palestina. Su uso neotestamentario se explica porque los cristianos se consideraban a sí mismos el nuevo Israel. Muy probablemente, aquí se refiere a judíos convertidos al cristianismo.