COMENTARIO

 St 2,14-26 

Se condensa aquí la idea central: la fe que no se traduce en obras está muerta (vv. 14-19) y se aduce el ejemplo de personajes bíblicos (vv. 20-26). Cuando Santiago habla de «obras» es claro que no se refiere a las obras de la Ley de Moisés (véase Introducción, pp. 1388-9).

Con una argumentación cíclica y reiterativa, se afirma que una fe sin obras no puede salvar (vv. 14.17.18.20.26). Esta enseñanza se encuentra en perfecta continuidad con la del Maestro: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos» (Mt 7,21). La pregunta retórica inicial (v. 14) y el ejemplo sencillo y vivo (vv. 15-16), atraen la atención y predisponen a aceptar la enseñanza básica (v. 17). Manteniendo el tono de diálogo al estilo de la diatriba grecorromana se aducen tres ejemplos de fe: en primer lugar —un ejemplo negativo—, la fe de los demonios, que es estéril (vv. 18-19); en contraste, la de Abrahán, modelo y padre de los creyentes (vv. 20-23); y, finalmente, la fe de una pecadora que se salvó por sus obras, Rahab la meretriz (vv. 24-25). La última frase vuelve a repetir la idea esencial (v. 26).

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