COMENTARIO

 St 5,13-18 

La oración es necesaria y eficaz contra la tristeza (v. 13); la oración de los presbíteros junto con la aplicación del óleo a los enfermos cura el pecado y la enfermedad (vv. 14-15); la oración de unos por otros contribuye al reconocimiento («confesaos») y al perdón de los pecados (v. 16). El ejemplo de la poderosa oración de Elías lo confirma (vv. 17-18).

El verbo griego que suele traducirse por «está triste alguno» (v. 13) incluye la idea de sufrir algún mal; de ahí que en la tradición espiritual se haya considerado la tristeza como una cierta enfermedad del alma. «La tristeza es la escoria del egoísmo; si queremos vivir para el Señor, no nos faltará la alegría, aunque descubramos nuestros errores y nuestras miserias. La alegría se mete en la vida de oración, hasta que no nos queda más remedio que romper a cantar: porque amamos, y cantar es cosa de enamorados» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 92).

El Magisterio de la Iglesia señala que en este texto (vv. 14-15) es promulgado el sacramento de la Unción de los enfermos (cfr nota a Mc 6,6-13). «El sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave o de vejez» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1527). Con esta unción y oración de los presbíteros, señala el Concilio Vaticano II, «toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo y a contribuir, así, al bien del pueblo de Dios» (Lumen gentium, n. 11). La gracia especial de este sacramento tiene como efectos: «La unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia; el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez; el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la penitencia; el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual; la preparación para el paso a la vida eterna» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1532).

La oración de intercesión del profeta Elías (vv. 17-18; cfr 1 R 17-18; Si 48,3) enseña el inmenso poder de la oración, eficaz también para conseguir la ayuda de Dios en las necesidades materiales.

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