COMENTARIO

 1 P 5,1-4 

Estas exhortaciones recuerdan las del Señor hablando del Buen Pastor (Jn 10,11) y las que le dirigió a Pedro tras su resurrección: «Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas» (Jn 21,15-17). Los pastores deben predicar con el ejemplo (cfr v. 3). «Más agradablemente penetra en los corazones de los oyentes la palabra que lleva el aval de la vida de quien, al mandar, ayuda con su ejemplo a que se cumpla el mandato» (S. Gregorio Magno, Regula pastoralis 2,3).

«Presbíteros» (v. 1). En muchos escritos del Nuevo Testamento los términos griegos presby´teros y epískopos parecen equivalentes, utilizándose indistintamente para designar a los pastores de las comunidades locales (cfr p. ej. Hch 11,30; 20,28). Desde el siglo II la terminología queda fijada: los epískopoi (obispos) poseen la plenitud del sacramento del orden y gobiernan las iglesias locales; los presbyteroi (presbíteros) desempeñan el ministerio sacerdotal como colaboradores de sus obispos.

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