COMENTARIO

 3 Jn 1-2 

Esta carta es muy similar en su forma a la anterior. Fue escrita con motivo de algunos conflictos surgidos en una comunidad cristiana. San Juan elogia a Gayo, el destinatario de la carta, por practicar la hospitalidad con los enviados por el Apóstol (vv. 3-8) y condena la conducta de Diotrefes (vv. 9-10), a la vez que recomienda a un cierto Demetrio (vv. 11-12).

Un antiguo escrito cristiano (Constitutiones Apostolicae 7,46) menciona a Gayo como obispo de Pérgamo, y a Demetrio (v. 12), como obispo de Filadelfia; pero se trata de datos poco seguros. Por las indicaciones de la carta no parece que Gayo tuviera, al menos todavía, ningún cargo jerárquico; sería más bien un cristiano ilustre que vivía con fidelidad su misión en la Iglesia.

Hasta cuatro veces aplica el autor el apelativo de «querido» a Gayo (vv. 1.2. 5.11). Es, obviamente, signo de especial cariño, un gozoso testimonio de la honda fraternidad de los primeros cristianos, bien ajena a fríos formulismos. Lo mismo cabe decir de la preocupación por su salud física, ya que la del alma era excelente. «Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente, que sobresalía con exceso más allá de las cimas de la simple solidaridad humana o de la benignidad de carácter. Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. Un escritor del siglo II, Tertuliano [Apologeticum 39], nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el porte de los fieles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad cómo se aman, repetían» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 225).

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