COMENTARIO

 3 Jn 9-12 

En estos versículos se pone en contraste la conducta de Diotrefes con la de Demetrio. Sobre Diotrefes no se conocen más datos que los aportados por estos versículos. Según todos los indicios ejercía un poder, al parecer análogo al de obispo. Su ambición le lleva a cometer varios abusos: no reconoce la autoridad de San Juan; propala diversas calumnias sobre él; rehúsa acoger a los hermanos enviados por el Apóstol —los misioneros itinerantes—, e incluso impide que los demás lo hagan. Tampoco de Demetrio tenemos más datos que los de este pasaje. Es posible que fuera uno de los misioneros enviados por San Juan, y quizá el portador de esta carta. El pasaje es un ejemplo más de cómo la Iglesia se muestra atenta a la conducta de sus pastores: «En el ejercicio de su función de padre y pastor, los obispos han de ser servidores en medio de los suyos: buenos pastores, que conocen a sus ovejas y a quienes éstas los conocen también; verdaderos padres, que se distinguen por el espíritu de amor y de solicitud por todos» (Conc. Vaticano II, Christus Dominus, n. 16).

En el v. 11, el Apóstol hace un resumen de la doctrina que se expone con amplitud en diversos pasajes de su primera carta (cfr p. ej. 1 Jn 2,18-29; 3,3-10; 5,18-20): el que obra el bien pone de manifiesto con su conducta que es de Dios —hijo de Dios—, que está unido a Jesucristo y permanece en Él. En cambio, el que peca rompe su unión con Dios, y se pasa al bando del diablo.

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