COMENTARIO

 Jds 3-4 

Estos versículos manifiestan el motivo de la carta y el propósito de su autor. La fe «entregada a los santos» supone un depósito de verdades ya formado, que el autor sagrado quiere defender (cfr p. ej. Ga 1,6-9; 1 Co 11,23ss.; 15,1ss.). Ahora es la Iglesia quien continúa la tarea: «Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 171).

«Se han infiltrado» (v. 4). El término griego, que significa «entrar desde fuera», expresa bien el proceder de los falsos maestros; probablemente eran predicadores itinerantes, que iban de una comunidad a otra. Se señala un doble error: uno de orden práctico y moral, pues convierten la gracia en libertinaje; y otro de orden doctrinal, porque niegan a Jesucristo. Con el pretexto de la libertad ganada por Cristo, rebajaban las exigencias de la lucha contra el pecado. Por el contrario, la realidad es que, para profundizar en el verdadero alcance de la libertad, hay que mirar a Jesucristo. «La libertad adquiere su auténtico sentido cuando se ejercita en servicio de la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el Amor infinito de Dios, que nos desata de todas las servidumbres» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 27).

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