COMENTARIO
Ante esta iglesia, implantada en una ciudad que se distinguía por el culto que allí se daba al emperador, Cristo se presenta como verdadero Dios, «el Primero y el Último» (v. 8; cfr 1,8). Anima a los cristianos a mantenerse firmes en medio de la persecución levantada contra ellos por algunos judíos.
La dura acusación del v. 9 se refiere a aquellos judíos que en tal circunstancia concreta denunciaban con calumnias a los cristianos, y colaboraban de esa forma con la idolatría, en lugar de defender a los adoradores del verdadero Dios; por eso no merecían el título honorífico de «judíos», sino más bien el de servidores de Satanás, el adversario de Dios.
Para salvarse es necesaria la perseverancia hasta el final (v. 10), vivir —en palabras de Santa Teresa de Jesús— «con una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella [la vida eterna], venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajase, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino, siquiera no tenga devoción para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo» (Camino de perfección 21,2).
«Muerte segunda» (v. 11). Hace referencia a la condenación definitiva. Más adelante se explica en qué consiste y quiénes la padecerán (cfr 20,6.14; 21,8).