COMENTARIO
Filadelfia era la puerta de acceso a la región de Frigia. Había sufrido un terremoto el año 17 a.C. y al ser reconstruida se le cambió el nombre a Neocesarea, que pronto cayó en desuso. En este contexto, el nombre que aquí se promete (cfr v. 12) permanecerá para siempre. Con la metáfora de la puerta abierta (v. 8) se les asegura el éxito apostólico, por encima de las dificultades que los enemigos suscitarán (cfr 1 Co 16,9; 2 Co 2,12; Col 4,3). También se pueden interpretar esas palabras como una promesa de tener libre la entrada en el Reino.
Sobre la «sinagoga de Satanás», cfr 2,9. La promesa de que los enemigos reconocerán su derrota y acatarán al vencedor recuerda a Is 49,23 y 60,14, donde se predice el homenaje y acatamiento que las naciones profesarán al Pueblo elegido. Antes, sin embargo, sobrevendrá una tribulación de alcance universal, tal como se describe más adelante (cfr caps. 8-9 y 16). Entonces serán protegidos los que permanecieron fieles. En cuanto a la llegada inminente que se anuncia, recordemos lo dicho en 1,1 respecto a la amplitud con que debemos considerar el valor temporal de estas frases (cfr también 22,12.20). Al final, después de la lucha y de la victoria, la iglesia de Filadelfia será columna del templo, es decir, ocupará un lugar preeminente (cfr Ga 2,9). A los fieles de aquella ciudad se les recuerda que Cristo tiene las llaves del Reino de Dios, y se les asegura la conversión de muchos judíos.