COMENTARIO
El silencio que se produce tras abrirse el séptimo sello es signo de la expectación ansiosa ante lo que va a desvelarse. Es un silencio que da cabida a la oración de los santos simbolizada en los perfumes: «La oración contemplativa es silencio, este “símbolo del mundo venidero” (S. Isaac de Nínive, Tract. myst. 66) o “amor silencioso” (S. Juan de la Cruz, Carta 6). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre “exterior”, el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2717).
Con el séptimo sello se inicia un nuevo septenario, el de las siete trompetas. La séptima, a su vez, dará paso a las siete copas (cfr 11,15). Pero antes, se va a narrar (caps. 8-9) cuanto acontece al sonar las seis primeras trompetas, que vienen a ser la ejecución de los juicios de Dios sobre el mundo. Se da un cierto paralelismo con las plagas de Egipto (cfr Ex 7,14-12,34). Antes del toque de la séptima trompeta el autor presenta una especie de intervalo (cfr 10,1-11,14).