COMENTARIO
El toque de la quinta y sexta trompetas afecta directamente a los hombres; sus efectos son más horrorosos que los anteriores (9,1-21). La estrella caída simboliza a Satanás (cfr Lc 10,18), al que Dios permite liberar por un tiempo a los demonios que, según el pensar de la época, habitan en los abismos, para que hagan daño con tormentos y enfermedades a los hombres que no reconocen a Dios.
Para describir a los demonios y el daño que van a causar, el autor recuerda lo que fue la octava plaga en Egipto, la de las langostas (cfr Ex 10,14ss.), pero dejando claro que ahora se trata de otra realidad mucho más terrible y de otro orden. Es tal el daño que causan al hombre, que éste deseará morir, pero habrá de soportar el mal durante un tiempo determinado. Los «cinco meses» (v. 5), tiempo de vida de las langostas, expresan la limitación temporal de esos sufrimientos. Las coronas de oro (v. 7) son características de los vencedores; el rostro humano, de seres inteligentes; la forma del cabello y los dientes simbolizan la ferocidad; la coraza de hierro indica la condición de guerreros fuertemente armados; y, finalmente, el ruido que producen y las colas de escorpión expresan la extremada crueldad. Obedecen a un jefe que es Satanás cuyo nombre («Apolíon», v. 11) significa destrucción y exterminio. Contrasta con el nombre de Jesús, que significa «Yhwh salva». Al final del Apocalipsis, el autor contempla que, tras la victoria de Cristo, Satanás y sus secuaces serán de nuevo encerrados en el pozo del abismo (cfr 20,1-3).