Testimonio sobre el poder del Rosario
Durante un exorcismo realizado el pasado 7 de
octubre de 2019, fiesta del Santo Rosario, el exorcista Don
Ambrogio Villa (de la diócesis de Milán) obligó al demonio a
hablar del Rosario.
Don Ambrogio – Oh Virgen, hoy es tu fiesta, la del Santo Rosario. A mi
me gustaría que este “Belzebul” nos hiciera una catequesis sobre
el Santo Rosario. Entonces te pido, Virgen, ya hemos escuchado
algunas catequesis, pero hoy es una fiesta especial. Te pido que
por algunos minutos, o por muchos minutos, él sea obligado por
ti a hablar del Santo Rosario. Por lo tanto, con el permiso de
María y por órden del Cielo, yo te ordeno a hablarnos del santo
rosario y de su potencia contra ti. En el nombre de Dios, te
ordeno de hablar. Habla bien, en un italiano claro y dinos
muchas cosas y cosas bonitas. Habla. En italiano correcto.
Belzebul – Esa corona (del rosario) me
destruye.
Don Ambrogio – Habla mejor, en un italiano
correcto. Eres capaz. Adelante.
Belzebul – Cada Ave María me revienta el
cerebro.
Don Ambrogio – Habla, sin que te lo tenga que
decir. La Virgen quiere que tú nos digas la potencia del
Santo Rosario contra ti.
Belzebul – Es una oración sencilla que no hacen
todos. Pero aquel que la hace se une a la vida de Cristo y de
María. Y a mí me revienta el cerebro el oír esa cantinela. No lo
soporto.
También me fastidia quien lo
tiene agarrado con la mano, aunque no lo esté rezando. No lo
soporto. Pero ella ama esta oración.
Don Ambrogio – Sigue.
Belzebul – Y aquel que lo reza en familia tiene
una protección especial de ella. Yo no puedo entrar en aquella
casa. No se me ha dado el permiso. Porque la potencia del Santo
Rosario en familia me aplasta.
Don Ambrogio – Sigue.
Belzebul – Y en aquellas familias, si hay sólo
una persona que lo reza puede salvar a los demás de la familia.
Don Ambrogio – Oh María, te doy gracias que obligas
a este demonio ‘Belzebul’ a hacer esta publicidad, esta
catequesis sobre el rosario. Oh María preciosísima, yo, con tu
permiso, me gustaría compartirla con mucha gente. Oblígale a
hablar. Sigue.
Belzebul – Los misterios preferidos de ella son
aquellos de la Pasión de Cristo. Porque allí está toda la
salvación de la humanidad.
Don Ambrogio – ¿Y los gloriosos no?
Belzebul – También
Don Ambrogio – Sigue.
Belzebul – Pero a quien recita el rosario, yo
vengo a molestarlo.
Don Ambrogio – ¿Cómo?
Belzebul – Con pensamientos. Distracciones.
Don Ambrogio – Pero la Virgen lo agradece
igualmente.
Belzebul – Sí.
Don Ambrogio – Entonces nos has animado, ¿eh,
amigos? La Virgen acoge todo.
Belzebul – Sí, acoge todo.
Don Ambrogio – Adelante.
Belzebul – Se tendría que rezar con los niños.
Enseñarles esta oración antes de que yo llegue a molestar,
porque después yo les robo la pureza, o sea que las madres
tendrían que rezarlo por estos hijos porque yo quiero destruir
la familia y los jóvenes.
Don Ambrogio – Oh Virgen, te damos gracias porque
nos has regalado el rosario que continuas a recomendar todas las
veces que apareces. Pero te damos gracias también por estas
palabras de ‘Belzebul’ que en este exorcismo que yo, tu
sacerdote, estoy llevando a cabo con la ayuda y la participación
de seis colaboradores que rezan y están a mi lado. Gracias, oh
María, si tú quieres todavía obligar a ‘Belzebul’ a decirnos
algo, te pido, oblígale a que continúe.
Belzebul – A quien reza el rosario, ella da
muchas gracias. Pero que muchas, muchas. Y yo no lo soporto.
También las novenas me revientan el cerebro. No las soporto.
Sobre todo, la Virgen Desatanudos.
Don Ambrogio – A nosotros nos gusta mucho las
letanías. Antes notaba que tú las sufrías. ¿Qué nos dices de las
letanías?
Belzebul – Me aplastan. ¡Me fastidian!
Don Ambrogio – ¿Por qué?
Belzebul – Porque es un continuo alabar,
alabar, alabar.
Don Ambrogio – Pero ella se lo merece.
Belzebul – ¡Por vosotros!
Don Ambrogio – ¿Pero de verdad es tu Reina, aunque
si tú no la reconoces? ¿O no?
Belzebul – Ya!
Don Ambrogio – Y después de las letanías, ¿Qué más
nos dices? Porque no todos lo dicen cuando terminan el rosario.
Belzebul – Lo se, lo se. Quien no las rezan, se
equivocan.
Don Ambrogio – Bueno, ¡si lo ha dicho el diablo…!
Oh cuántas cosas bonitas, Virgen, que tu nos regalas de forma
imprevista. También a través de este diablo que se llama –al
menos ha dicho el nombre- es Belzebul. Te alabamos, oh María.
¿Ella te dice de decirnos todavía algo o has terminado?
¡Contesta!
Belzebul – He terminado.
Don Ambrogio – Entonces nosotros rezamos, oh María.
(Rezan La Salve). Oh María en este día del Santo Rosario, hoy, 7
de octubre de 2019, nosotros te damos gracias Yo soy tu
sacerdote, exorcista milanés. Te doy gracias por este regalo que
nos has hecho para tu gloria. Así sea. Amén.