3. LOS «LIBROS HISTÓRICOS» DE LA BIBLIA Y LA HISTORIA PROFANA

El pueblo de Israel guardó memoria de las gestas de sus antepasados. Con el correr del tiempo estos recuerdos sirvieron para actualizar la fe en su Dios, iluminar las situaciones nuevas y proporcionar una orientación precisa para mantenerse fieles a su Alianza. Además, todas esas reflexiones se fueron poniendo por escrito, bajo la inspiración del Espíritu Santo, de modo que su enseñanza se mantuviera para siempre.

Como consecuencia, el valor de la Biblia como fuente histórica es incalculable si se atiende al enorme cúmulo de noticias que ofrece al historiador: de una parte, los recuerdos que sus tradiciones conservan acerca de lo sucedido en épocas pretéritas; pero también y sobre todo lo que la misma redacción refleja sobre los distintos momentos en que se fueron poniendo por escrito sus textos.

De todas maneras, como ya se indicó, conviene tener presente que la finalidad que guió a los autores sagrados fue más bien didáctica. Su principal objetivo consistía en señalar la relación que existe entre Dios y el hombre, entre el Señor y su pueblo. Dios escogió a Israel de entre todos los pueblos para manifestarle sus designios y para que él fuese el primero en llevar a la práctica las determinaciones divinas16. Israel en su historia fue plasmando, llevado de la mano de Dios, esa experiencia que ha quedado consignada en los libros sagrados del Antiguo Testamento. Por eso las enseñanzas, formas de conducta y normas morales contenidas en el Antiguo Testamento no sólo afectan a Israel, sino que, salvadas las debidas distancias temporales y culturales, tienen valor permanente para todos los pueblos.

La finalidad didáctica, la pedagogía divina, ha dejado su impronta indeleble en toda la Biblia y también en los libros que tratan más directamente de temas históricos. Los relatos que se contienen en ellos tienen como objeto proporcionar enseñanzas y ejemplos de comportamiento, así como transmitir una normativa adecuada para regir las relaciones entre Dios y su pueblo. Por lo tanto, la historia que narran no ha sido escrita para satisfacer nuestra curiosidad con detalles sobre el modo en que se desarrollaron los hechos concretos y verificables de la historia de Israel. Los libros sagrados ofrecen algo más: una reflexión religiosa sobre la historia pasada buscando las interpretaciones y enseñanzas que se pueden extraer de ella, y las posibles soluciones a los problemas planteados en el presente, o a los que se puedan plantear en el futuro. Reflexión que ha sido llevada a cabo y consignada por escrito mediante una acción particular del Espíritu Santo.

Precisamente por no tratarse de libros de historia antigua sin más, los libros históricos del Antiguo Testamento no ofrecen una narración completa, detallada y plenamente coherente de todos los acontecimientos sucedidos desde la creación del mundo hasta la plenitud de los tiempos, sino que presentan una selección realizada con criterios más religiosos que políticos o culturales. Por eso no será de extrañar el silencio de la Biblia sobre algunos sucesos importantes en la historia del Antiguo Oriente. Tampoco deben sorprender las repeticiones del texto sagrado e incluso las diferencias en el modo de hablar de los mismos acontecimientos en diversos pasajes, pues un mismo hecho puede ser contado para ofrecer distintas enseñanzas. Por otra parte, los autores humanos de estos libros escriben con la mentalidad de su época, que todavía no había recibido la plenitud de la Revelación divina. Pero con todo, los libros históricos del Antiguo Testamento, «aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros»17, dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios: «Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación»18.

4. CONTENIDO

En la Sagrada Escritura la narración de la acción salvadora de Dios se inicia en el primero de sus libros, el Génesis, y continúa hasta el último, el Apocalipsis. Pero los cinco primeros libros constituyen un bloque de tal entidad y extensión que reclaman para sí un volumen completo: el Pentateuco, ya publicado en esta edición de la Sagrada Biblia.

El conjunto de los otros "libros históricos" del Antiguo Testamento es su continuación. En efecto, el Pentateuco comenzaba hablando de la creación del mundo y del hombre. Después trataba de los orígenes de Israel y terminaba con la muerte de Moisés a las puertas de la tierra prometida por Dios a su pueblo. Los libros que se integran en este segundo grupo de escritos prolongan la narración: en un primer momento, se narran las vicisitudes del pueblo de Dios desde la toma de posesión de la tierra que Dios le entregaba, hasta el momento en que la pierde, es decir, hasta que Jerusalén fue conquistada por Nabucodonosor, y el rey de Judá, junto con los principales personajes de su corte, fue llevado a la cautividad de Babilonia; en un segundo momento —con los libros de Esdras, Nehemías y Macabeos— los escritos se detienen en los sucesos más importantes de la época de la restauración y de la rebelión frente al helenismo.

El extenso relato que comienza con el libro de Josué, continúa con Jueces y los dos libros de Samuel y termina con los libros de los Reyes tiene una cierta relación con el libro del Deuteronomio en cuanto que se van juzgando los hechos narrados atendiendo a si se ha cumplido o no la Ley del Señor contenida en el Código Deuteronómico19. Por eso, al conjunto de esos libros se le suele denominar «historia deuteronomista». Esta narración, sin embargo, es brevemente interrumpida por la inserción del libro de Rut detrás de Jueces y antes del primer libro de Samuel. El pequeño libro de Rut —la bisabuela de David— ofrece características peculiares y tiene una misión importante en el conjunto: prepara la aparición de la figura de David que, de algún modo, es el personaje central de esa gran historia.

Al continuar la lectura de la Biblia se aprecia que hubo otros autores sagrados que volvieron a tratar los mismos temas, comenzando también desde los orígenes y repitiendo la mención de muchos sucesos. No obstante, pronto se percibe que las observaciones que contienen acerca de los hechos son complementarias a las antes realizadas, pues aportan una visión distinta. Esta nueva narración de la historia se contiene en los libros primero y segundo de Crónicas. A continuación se encuentran los de Esdras y Nehemías, que se centran en las memorias de dos personajes sobresalientes durante la época en la que Judá fue una provincia persa, tras la repatriación de algunos judíos procedentes de Babilonia. Sin embargo, en la Biblia no hay ninguna narración continuada de lo acontecido en esta época, como sucedió para épocas anteriores con la «historia deuteronomista» o la de Crónicas.

Algo análogo ocurre en el periodo de la helenización de Palestina. La Biblia sólo recoge acontecimientos esporádicos, en concreto la actividad de los hijos de Matatías, los Macabeos, en dos libros que son independientes entre sí. Por último, los libros de Ester, Tobías y Judit, como ya sucedía con Rut, transmiten hermosas narraciones ambientadas en el pasado y llenas de enseñanzas morales y religiosas ante las diversas circunstancias en que Israel se va encontrando.

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1 Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 3. 2 Ibidem. 3 Cfr Ga 4,4. 4 Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 14. 5 Cfr ibidem, n. 11. 6 Ibidem, n. 16. 7 La «Ley» (Torah), también llamada, a partir del griego, Pentateuco, consta de cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Los «Profetas» (Nebi’im) se agrupan en Profetas anteriores —Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes— y Profetas posteriores —Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías)—. Los «Escritos» (Ketubim) incluyen los Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y 1 y 2 Crónicas. Se podría decir que esta división agrupa los libros de la Escritura en tres círculos concéntricos. En el centro está la Torah, núcleo dado por Dios mismo tal y como está. Alrededor de ella, los Profetas, que interpretan la historia a la luz de la Torah; no aportan nada sustancialmente nuevo al núcleo original sino que expresan el modo en que ese núcleo ha sido llevado a la práctica en cada momento de la historia. Abarcando lo anterior están los Escritos de los sabios, que reflexionan sobre los problemas cotidianos que afectan al hombre y al pueblo a la luz de la Torah. 8 Cfr 1 R 16,24. 9 Cfr 1 R 16,29-22,40. 10 Cfr 2 R 9,1-10,36. 11 Cfr 2 R 15,17-22. 12 Cfr 2 R 17,5-6. 13 Cfr 2 R 18,13-19,37; 2 Cro 32,1-23. 14 Cfr 2 R 24,1-4. 15 Cfr 2 R 24,10-25,21. 16 «Israel fue experimentando la manera de obrar Dios con los hombres, la fue comprendiendo cada vez mejor al hablar Dios por medio de los profetas, y fue difundiendo este conocimiento entre las naciones» (Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 14). 17 Ibidem, n.15. 18 Ibidem. 19 Dt 12,1-26,15.