INTRODUCCIÓN
ISAÍAS
El libro de Isaías nos ha llegado como una unidad literaria que la tradición judía y cristiana atribuye al gran profeta Isaías. De éste se dice en el libro del Eclesiástico que vivió en tiempos de Ezequías, rey de Judá (727-698 a.C.), «vio los últimos tiempos y consoló a los afligidos de Sión», es decir, a los desterrados a Babilonia1. El texto hebreo de Isaías está documentado entre los escritos de Qumrán: existe un ejemplar con el texto completo (1Q Isa) y otro con pasajes de casi todo el libro (1Q Isb), ambos del siglo I a.C. La versión griega de los Setenta coincide en cuanto a su contenido con la tradición del texto masorético.
En la Biblia cristiana el libro de Isaías es el primero de los cuatro profetas mayores, no sólo porque Isaías vivió antes que los otros tres, sino también porque el libro que contiene sus oráculos es el más largo, y quizás el más importante, de los escritos proféticos. También en la Biblia hebrea es el primero de los profetas «posteriores», es decir, precede a Jeremías y a Ezequiel y a los doce profetas menores.
La relevancia que el libro de Isaías tiene dentro de la Biblia, además de ser manifiesta por su posición y su extensión, se hace notar también porque es el libro del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo, después de los Salmos. Esto significa que el libro de Isaías anuncia con más claridad que ningún otro escrito profético a Jesucristo y la economía cristiana: «Este profeta, entre las reprensiones que hace, las instrucciones que da y las amenazas futuras que anuncia al pueblo pecador, profetizó sobre Cristo y sobre la Iglesia (…) muchas más cosas que los otros [profetas]. Tan es así, que algunos dicen que es más evangelista que profeta»2.