INTRODUCCIÓN
JEREMÍAS
Jeremías es el segundo de los profetas mayores. Su libro figura en la Biblia Hebrea y en la versión latina de la Vulgata después de Isaías y antes de Ezequiel. Está centrado en la figura y la predicación del profeta Jeremías, que vivió en las últimas décadas del reino de Judá. Fueron unos años de singular importancia, pues en ellos ocurrió la caída del imperio asirio, el renacer del babilónico y la desaparición definitiva del reino de Judá con la deportación a Babilonia de las personas que tenían más influencia en el país.
Jeremías desarrolló su actividad en Judá, en los tiempos en que el nuevo imperio babilónico comenzaba a constituir una amenaza para los israelitas (años 605 a.C. y siguientes), amenaza que culminó con la caída definitiva de Jerusalén ante las tropas de Nabucodonosor (587 a.C.) y la deportación a Babilonia. El profeta fue testigo de excepción de esos acontecimientos y de los que luego vivió la población que permaneció en el territorio de Judá.
El texto de Jeremías se ha conservado según dos versiones, relativamente diferentes. Una es la que se conoce a través de los manuscritos en lengua hebrea, y otra la que ha llegado hasta nuestros días a través de los códices escritos en griego. El texto hebreo es notablemente más largo, unas 2.700 palabras más que el griego, y en él los oráculos no aparecen en el mismo orden que en el griego. De todos modos, el contenido es prácticamente idéntico; posiblemente representan dos fases distintas dentro del proceso literario de recopilación y sistematización del conjunto de oráculos y relatos atribuidos a Jeremías o que tienen al profeta como protagonista. En la tradición cristiana han sido utilizadas ambas versiones, dependiendo de los autores, épocas y lugares. Los Padres griegos siguen con preferencia el texto de los Setenta, en cambio la Vulgata, que ha sido la versión latina más difundida en la Iglesia de Occidente, se ajusta más al texto hebreo.
1. ESTRUCTURA Y SÍNTESIS DEL CONTENIDO
El libro de Jeremías, como el de Isaías y el de Ezequiel, es muy extenso. Contiene gran cantidad de oráculos procedentes de épocas diversas, que no están ordenados de acuerdo con una sucesión cronológica, sino siguiendo un cierto orden lógico, no muy definido. Por eso, en las distintas ediciones de la Sagrada Biblia se pueden encontrar diferencias bastante notables al explicar la estructura del libro.
Además, en el caso de Jeremías la complejidad es aún mayor que en otros profetas ya que, como se ha dicho, hay notables diferencias en el orden en que se ha trasmitido el texto en la Biblia hebrea y en la versión griega de los Setenta. La diferencia más importante es la relativa a la situación de los «Oráculos sobre las Naciones», que en el texto griego aparecen después de 23,13, constituyendo el núcleo central del libro, mientras que en el hebreo figuran al final, en los caps. 46 a 51. Puesto que nuestra traducción ha sido realizada tomando como base el hebreo, la estructura que presentamos a continuación se refiere a este texto. En él se pueden distinguir tres partes, precedidas por un prólogo y cerradas por un epílogo.
PRÓLOGO: VOCACIÓN Y MISIÓN DE JEREMÍAS (1,1-19). Después de un escueto encabezamiento en el que se indica el tiempo de la predicación de Jeremías1, se narra la vocación del profeta y la misión que el Señor le encomienda de predicar su palabra2. A continuación se exponen dos visiones simbólicas que tuvo el profeta: la visión de una rama de almendro3 y la de una olla hirviendo que se vuelca desde el norte4.
PRIMERA PARTE: ORÁCULOS SOBRE ISRAEL Y JUDÁ (2,1-25,38). Contiene una extensa recopilación de oráculos de Jeremías sobre Israel y Judá, procedentes de distintas épocas. Responden a las peculiares circunstancias históricas de los diversos momentos de la larga actividad del profeta. La primera sección tiene cierta continuidad con el tema aludido en la visión de la rama de almendro, que es el de la vigilancia, y constituye una llamada a la conversión dirigida a la casa de Israel y a la casa de Judá5. La segunda, relacionada con la visión de la olla hirviendo, está marcada por la amenaza que se cierne sobre Judá y Jerusalén con motivo de las incursiones militares de diversos pueblos extranjeros en su territorio. El profeta anuncia que la desgracia que se avecina es consecuencia de la infidelidad a Dios por parte del pueblo elegido6. A continuación, en la tercera sección, se insiste en la inminencia del castigo a Jerusalén y en la ruptura de la Alianza como causa de ese castigo, todo ello expresado con oráculos y acciones simbólicas7. En la última sección de esta primera parte se expresa el juicio de Dios que castiga con el exilio, del que son culpables tanto reyes como falsos profetas8.
SEGUNDA PARTE: RELATOS BIOGRÁFICOS SOBRE JEREMÍAS (26,1-45,5). La primera parte estaba constituida sobre todo por oráculos en verso, aunque no dejaban de aparecer ocasionalmente pasajes redactados en prosa. Ahora sucede lo contrario. Esta segunda parte está compuesta por relatos en prosa sobre la actividad de Jeremías, en los que se presta especial atención a su predicación oral y a sus acciones simbólicas, así como a las consecuencias que se siguieron de ellas. En primer lugar se incluyen los conflictos que hubo de afrontar con los sacerdotes y los falsos profetas9. A continuación, tras exponer la compleja situación en que se encontraba el profeta, se abre un paréntesis esperanzador con el llamado «Libro de la consolación»10, en el que se contienen promesas de reconstrucción para Jerusalén y de restauración para el pueblo, sobre la base de una Nueva Alianza que habrá de mantenerse para siempre. Después de esta pieza, sigue la narración de los sufrimientos en los que se vio sumido Jeremías al desarrollar su misión. Además de las penalidades ya expuestas en la primera sección de esta parte, se trata ahora de las derivadas de sus relaciones con los reyes de Judá11. La persecución de que fue objeto culmina en lo que se podría denominar la «pasión de Jeremías», es decir, el cúmulo de padecimientos que sufrió, antes y durante el asedio de Jerusalén por las tropas babilónicas, y las duras experiencias que hubo de afrontar tras la caída de la ciudad santa12.
TERCERA PARTE: ORÁCULOS SOBRE LAS NACIONES (46,1-51,64). En los manuscritos hebreos, aparece ahora, cuando el libro se acerca a su final, una colección de oráculos dirigidos no sólo a las naciones extranjeras del entorno de Israel y Judá, sino también a pueblos más distantes a éstos: Egipto13, Filistea14, Moab15, Amón16, Edom17, Damasco18, Quedar y los reinos de Jasor19, Elam20 y Babilonia21. En el texto hebreo, pues, estos oráculos se han ordenado comenzando por Egipto, el enemigo histórico del pueblo, y culminando en Babilonia, el poderoso invasor. Al anunciar la caída de Babilonia se alude a la próxima liberación de Jerusalén. De este modo la denuncia de los crímenes de los gentiles y el anuncio de los castigos que les sobrevendrán son prenda de la salvación que aguarda a Israel.
EPÍLOGO: LA CAÍDA DE JERUSALÉN (52,1-34). El libro se cierra con una sucinta narración de los últimos momentos de la ciudad santa, que coincide en gran parte con la contenida en el segundo libro de los Reyes22. El relato se extiende hasta la caída de Jerusalén en manos de Nabucodonosor, la deportación que siguió a ésta y el traslado a Babilonia de los tesoros del Templo del Señor. Termina con una breve alusión al buen trato recibido por el joven rey Yoyaquín en Babilonia, mostrando así la protección que Dios dispensa a su pueblo hasta en las circunstancias más adversas.
Se puede apreciar, por lo tanto, que si se atiende a las indicaciones temporales que figuran en el encabezamiento de muchos oráculos y relatos, no se ha seguido un orden cronológico en su estructuración. Realmente, la mayor parte de los oráculos más antiguos se han reunido con un cierto orden en las primeras secciones de oráculos en verso dirigidos a Israel y Judá; también se observa alguna sucesión temporal en los relatos sobre la actividad profética de Jeremías, que constituyen la segunda parte del libro. Sin embargo, el criterio último de sistematización no ha sido cronológico sino temático. En este sentido no deja de ser importante que, en el centro de la obra, se interrumpan las narraciones biográficas sobre las dificultades que estaba encontrando Jeremías con los sacerdotes, falsos profetas y reyes, para incluir una sección que es en su conjunto un canto a la esperanza de restauración de Israel. Se trata del «Libro de la consolación»,23 que constituye el núcleo teológico de todo el libro.
2. COMPOSICIÓN
La composición del libro de Jeremías, como sucede con la mayor parte de los libros de la Sagrada Escritura, ha seguido un largo y complejo proceso. Se tienen noticia de las primeras y principales etapas por lo que se narra en el propio libro. Más en concreto, en el cap. 36 se cuenta que Jeremías, de acuerdo con el mandato del Señor, en tiempos del rey Yoyaquim, hizo escribir en un rollo una recopilación de los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su predicación profética. El profeta, que había sido encarcelado, mandó llamar a su secretario Baruc y le dictó los oráculos. Una vez escrito, Baruc leyó el libro en el Templo, de acuerdo con las indicaciones recibidas de Jeremías. Cuando los nobles lo escucharon decidieron informar al rey. El libro fue leído en la presencia de Yoyaquim que, a medida que avanzaba la lectura, iba cortando secciones del rollo con un cortaplumas y arrojándolas a un brasero. De este modo, el fuego consumió el primer ejemplar del libro. Por indicación del Señor, Jeremías volvió a dictar los oráculos a Baruc, que los copió de nuevo y añadió en él otras muchas palabras. Hasta aquí lo que se puede deducir de lo relatado en el propio libro.
Por otra parte, salta a la vista que en la obra hay al menos dos tipos de textos. Unos son oráculos en verso, en los que cuando habla Jeremías lo hace en primera persona, tal y como si él mismo los estuviera pronunciando. Otros, en cambio, son relatos en prosa, en los que normalmente se habla de Jeremías en tercera persona: el profeta es el protagonista de unas narraciones escritas por otro.
Es muy posible que la mayoría de los oráculos de denuncia originales de Jeremías, que formaban parte de la primera redacción del libro dictada a Baruc, se hayan conservado entre los oráculos en verso que se incluyen en el libro. Buen número de ellos estarían en la primera parte24, donde se recopilan los oráculos sobre la casa de Israel y la casa de Judá. Más tarde, se completaría esa primera colección de oráculos con otros pronunciados por Jeremías en circunstancias y con finalidades diversas. También se agregarían otras piezas poéticas, como las «confesiones», esparcidas entre los caps. 11-20, que son desahogos del alma del profeta realizados en la presencia del Señor en momentos de oración confiada. Asimismo se incluirían los relatos en prosa —probablemente compuestos por Baruc—, que enmarcan esos oráculos, conservan el recuerdo de las acciones simbólicas realizas por Jeremías en su predicación y narran las peripecias y dificultades que hubo de afrontar el profeta por mantenerse fiel a la misión que el Señor le había encomendado. De este modo se iría perfilando una nueva edición de libro, ya más cercana a su forma final inspirada.
Cuando se culminó la desgracia de Judá con la caída de Jerusalén y el destierro a Babilonia, esa recopilación de oráculos de Jeremías pudo proporcionar mucha claridad para valorar a la luz de la palabra de Dios los dolorosos acontecimientos del momento. En las copias que posiblemente se hicieron entonces, esas lecciones quedaron formuladas en oráculos compuestos desde una perspectiva teológica de pauta deuteronomista. A su vez, al cabo de unas décadas, cuando tras el hundimiento de Babilonia ante el empuje de Ciro el Persa cambió de nuevo la situación de la zona, y cuando lo que todavía eran esperanzas de restauración comenzaron a experimentarse como una realidad gozosa, se fueron descubriendo nuevas luces en detalles que hasta ese momento habían permanecido en segundo plano; los oráculos de restauración añadidos entonces proporcionaron un tono más esperanzador al libro entero. De este modo, el conjunto de oráculos y relatos sobre Jeremías, ya enriquecido y actualizado a la luz de lo vivido en la historia en momentos decisivos para el pueblo elegido, se fue completando con los oráculos sobre las naciones y algunos otros relacionados con la actividad del profeta.
Las diferencias de detalle entre las versiones hebrea y griega no afectan a su canonicidad, que fue aceptada desde el principio tanto por el judaísmo como por los cristianos. La Iglesia, de hecho, como ya se ha dicho, ha utilizado a lo largo de su historia tanto el texto griego como el hebreo, otorgando a ambos la misma veneración que merecen como Palabra de Dios.