COMENTARIO

 Gn 1,14-17 

Frente a las religiones de su entorno, que consideraban los astros como divinidades que influían en la vida del hombre, el autor bíblico enseña, bajo la luz de la inspiración, que el sol, la luna y las estrellas son sencillamente realidades creadas, y que su fin es servir al hombre proporcionándole luz durante el día y durante la noche, y ser un medio para medir el tiempo. Situados en su verdadero ámbito natural, los astros —como la creación entera— mueven al hombre a reconocer la grandeza de Dios, y a alabarle por sus obras magníficas: «Los cielos narran la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos…» (Sal 19,1; cfr Sal 104). De ahí que la consulta de horóscopos y la astrología, como formas de adivinación o de dominio de poderes ocultos, deban rechazarse (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2116).

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