COMENTARIO
Se inicia ahora una nueva narración de los comienzos que los investigadores consideran de «tradición yahvista», y que tiene, en efecto, rasgos de ser más antigua que la anterior. Llega hasta el final del cap. 4 y narra la creación del hombre y de la mujer (cap. 2), la caída de nuestros primeros padres y su expulsión del paraíso (cap. 3), y la continuación de la vida humana marcada por el pecado (cap. 4). Todo ello viene descrito en un lenguaje simbólico y lleno de gran viveza expresiva, que, por una parte, nos sitúa ante verdades trascendentales de orden histórico, y, por otra, resalta aspectos de orden antropológico, psicológico y religioso, que pertenecen al hombre de todos los tiempos.
El libro sagrado se remonta de nuevo hasta los orígenes del hombre, de las cosas del mundo y también del mal. Quiere enseñar que sólo Yahwéh, el Dios de Israel, es el dueño de la vida porque Él la dio al hombre y a los animales; que Dios cuida al hombre con amor desde el principio y establece con él una alianza; que el hombre creado gozaba de libertad y quebrantó aquella alianza, por lo que vinieron el dolor, la muerte y el mal sobre la tierra; y, finalmente, que el Señor, a pesar de todo, siguió velando por el hombre y mantuvo la esperanza de éste con la promesa de una victoria sobre el mal.