COMENTARIO
La intención de estos versículos es mostrar que lo primero y lo más importante sobre la tierra es el hombre, para quien fue creado todo lo demás. En el texto no se plantea si antes de la aparición del hombre existían en el planeta otros tipos de vida vegetal o animal, y, menos aún, si ha podido haber una evolución hacia formas de vida superiores.
La teología católica, valorando adecuadamente los datos de fe y los descubrimientos de la ciencia acerca de la evolución de las especies, no se opone a que Dios hubiera podido infundir el alma en un ser ya existente, preparando convenientemente su cuerpo, que se convirtió así en «hombre». Esta explicación recibe el nombre de «evolucionismo moderado»; pero no pasa de ser una explicación desde los conocimientos que hoy se tienen en el ámbito de las ciencias naturales. Con todo, el interés por los orígenes va más allá: «no se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuándo apareció el hombre, sino más bien de descubrir cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un Ser trascendente, inteligente y bueno, llamado Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 284).