COMENTARIO

 Gn 3,1 

La serpiente representa al diablo, un ser personal que intenta torcer los designios de Dios y perder al hombre. En efecto, «tras la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cfr Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cfr Sb 2,24). La Escritura y la tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satanás o diablo (cfr Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. “El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos” (Conc. de Letrán IV)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 391).

Volver a Gn 3,1