COMENTARIO

 Gn 3,16 

Dirigiéndose a la mujer, Dios le comunica las consecuencias que para ella, como madre y esposa, van a seguirse del pecado. El dolor del parto significa además la presencia del dolor físico en la humanidad, como efecto del pecado. Asimismo, del pecado derivan los desórdenes en el ámbito familiar, y en especial en la relación entre marido y mujer, de los que se señala expresamente el dominio despótico del marido sobre la esposa. La discriminación de la mujer es aquí considerada como fruto del pecado, y, por tanto, vista por la Biblia como un mal. Del pecado deriva igualmente el oscurecimiento de la dignidad del matrimonio y de la familia que se difunde en muchas partes, como denuncia el Concilio Vaticano II: «La dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es más, el matrimonio queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación. Por otra parte, la actual situación económica, socio–psicológica y civil es origen de fuertes perturbaciones para la familia» (Gaudium et spes, n. 47).

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