COMENTARIO

 Gn 4,1 

En el lenguaje bíblico, para designar la unión sexual del hombre y la mujer, se emplea el término «conocer», indicándose así la profundidad humana de dicha relación, que, dándose a través del cuerpo, se sitúa al mismo tiempo en el ámbito de la inteligencia y de la voluntad.

El nombre de Caín encuentra su explicación en el texto bíblico por su parecido a la exclamación de Eva: «He adquirido…», que en hebreo se dice qaniti. De esta forma se resalta la intervención de Dios en la generación del hijo. Una enseñanza constante en la Biblia será que los hijos son un don de Dios, y que es Dios quien otorga o niega la fecundidad. Consciente de esta verdad, la Iglesia recuerda a los esposos que «en el deber de transmitir la vida humana y educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 50).

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