COMENTARIO
En esta «relación de los descendientes de Adán» se recogen nombres y tradiciones de antepasados famosos que, según los estudiosos de la Biblia, han podido llegar al texto inspirado a través de la «tradición sacerdotal». Quiere mostrar cómo se fue multiplicando la especie humana a partir del mandamiento de Dios recogido en Gn 1,28. No se menciona a Caín, pues el texto ofrece solamente la descendencia de Set, de la que surgirá a la postre el pueblo elegido.
Los años de vida de los patriarcas tienen un valor simbólico, no matemático. En efecto, en el conjunto de la lista se aprecia que los años de la vida del hombre van descendiendo a medida que la humanidad se aleja del momento originario de la vida, es decir de Dios, y va degenerando con la presencia del mal. Responde en cierto modo a la mentalidad expresada en Pr 10,27: «El temor de Yahwéh acrece los días; mas los años de los impíos serán acortados». Por eso, cuando la humanidad se pervierte más, Dios rebaja la cifra de años a ciento veinte (cfr Gn 6,3).
Esta genealogía, como las restantes que aparecen en la Biblia, nos hace percibir el valor de la generación humana. Mediante la generación, el hombre cumple el mandato originario de Dios de crecer, multiplicarse y dominar la tierra; además, coopera con los planes salvadores de Dios, ya que éstos se realizarán mediante la elección de un pueblo surgido de una de esas ramas genealógicas del que nacerá Jesucristo. En el Evangelio de San Lucas, para subrayar el alcance universal de la redención obrada por Cristo, se enlaza su genealogía con el mismo Adán, padre de judíos y de gentiles (cfr Lc 3,23-38).