COMENTARIO

 Gn 5,3 

La imagen y semejanza divinas con las que fue creado Adán, el primer hombre, se transmiten mediante la generación a todos sus descendientes. Éstos, en efecto, son imagen y semejanza del primer hombre, como éste lo es a su vez de Dios. La imagen y semejanza está impresa, por tanto, en todo ser humano, independientemente de su raza o de su comportamiento. De ahí que la primera actitud de cada uno frente a los demás debe ser «respetar y comprender a cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre y de hijo del Creador» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 72). cfr nota a Gn 1,2.

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