COMENTARIO
Aludiendo quizá a un mito que corrió en la antigüedad, según el cual los gigantes procedían de la unión de seres superiores con mujeres, el hagiógrafo resalta hasta qué punto había llegado el pecado y el desorden en la humanidad. En este pasaje se explica que la vida humana tiene un límite máximo como consecuencia del castigo divino por el pecado.
Se nos escapa el sentido preciso que tiene aquí la expresión «hijos de Dios». La tradición judía y algunos escritores cristianos antiguos entendieron que se refería a los ángeles caídos; pero tal explicación no es conforme con la naturaleza espiritual de los ángeles. Por eso se les ha interpretado como los hombres justos, los descendientes de Set, que tomarían indiscriminadamente mujeres descendientes de Caín, llamadas hijas de los hombres. Así lo entendieron San Agustín (De civitate Dei 15,23), San Juan Crisóstomo (Homiliae in Genesim 22,4), San Cirilo de Alejandría (Glaphyra in Genesim 2,2) y otros Santos Padres. La perversión de la humanidad por su soberbia y sus abusos en el matrimonio, prepara el posterior relato del diluvio.