COMENTARIO
El arca, construida según el diseño dado por el mismo Dios a Noé (cfr 6,14-16), es el medio por el que se salvan cuantos entran en ella. Todo lo que quede fuera perecerá. En este sentido los Santos Padres vieron en el arca una figura de la Iglesia. «El mandar Dios a Noé que construya un arca para escapar en ella con los suyos de la devastación del diluvio, es, sin duda —afirma San Agustín—, una figura de la ciudad de Dios que peregrina en este mundo, es decir, de la Iglesia, que se salva por el leño en que pendió el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús. Las medidas de su longitud, altura y anchura son un símbolo del cuerpo humano, en cuya realidad vino a los hombres.(…) La puerta abierta en un costado del arca significa, indudablemente, la herida que la lanza abrió al atravesar el costado del crucificado. Los que vienen a Él entran por ella, porque de ella manaron los sacramentos, con los que son iniciados los creyentes» (De civitate Dei 15,26).