COMENTARIO
De los hijos de Noé surgirán de nuevo pueblos y naciones, tal como se describe con detalle en el capítulo siguiente. Ahora, se ofrece una visión general de lo que será el destino y las relaciones entre esos pueblos, mediante el relato de las bendiciones proféticas que Noé había dirigido a sus hijos.
Además, dos rasgos han de destacarse en este pasaje. Primero la confirmación de que, tras el diluvio, el hombre sigue inclinado al mal que aflora nuevamente en la humanidad. Así, el abuso del vino por parte de Noé y la perturbación en las relaciones familiares: la falta de respeto de Cam hacia su padre, y la división entre los hermanos. Con esta división comienzan las luchas entre los pueblos, que culminarán con la soberbia que precede a la construcción de la torre de Babel. El segundo rasgo que hay que destacar es la explicación del predominio de los israelitas, descendientes de Sem, sobre los cananeos. Estos últimos recibieron en su antepasado (Cam o Canaán) la maldición de estar sometidos a sus hermanos: a Sem y a Jafet, es decir, a los israelitas y a los pueblos descendientes de Jafet.