COMENTARIO
Comienza la historia de los patriarcas, los padres del pueblo de Israel, presentada como una historia de clanes y de tribus, en el marco de una sucesión cronológica y con referencia a unos lugares geográficos de medio Oriente: Mesopotamia, Palestina y Egipto, que, mirados en un mapa, forman como una media luna creciente, por lo que a estos países se les llama el «creciente fértil». Abrahán aparece como el padre de Ismael y de Isaac. De Ismael surgirán los ismaelitas (o árabes); de Isaac, el pueblo elegido. Isaac es el padre de Esaú y de Jacob. Esaú se identifica con Edom; Jacob (o Israel) será el padre de doce hijos, que bajaron a Egipto y cuyos descendientes subieron de allí formando las doce tribus, el pueblo de Israel. Esto último pertenece ya al libro del Éxodo.
Las tradiciones sobre los patriarcas debieron de ser conservadas durante largo tiempo en forma oral, como historias de familia y de clanes, o vinculadas a lugares sagrados de Canaán. Con tales historias se enseñaba el origen de las doce tribus y de otros pueblos vecinos, sus rasgos característicos, su relación con Dios y con el lugar en que habitaban. Al ser recogidas más tarde por el texto bíblico, tales tradiciones son presentadas fundamentalmente con una dimensión religiosa, e integradas en una visión de conjunto de la historia de Israel; pero conservan, al mismo tiempo, rasgos peculiares del momento en que surgieron y de la forma que dichas tradiciones fueron adquiriendo al ser transmitidas. Esto puede verse en el hecho de que en ellas se encuentran trazos de las costumbres y situaciones propias de aquellas antiguas épocas, tal como muestra la arqueología, si bien sólo en Gn 14 se dan nombres concretos de reyes de la zona de Canaán con quienes estuvieron en relación los patriarcas.
En la redacción final del libro del Génesis las tradiciones sobre los patriarcas vienen agrupadas según los personajes a que se refieren, y así se distingue el ciclo de Abrahán (caps. 12-25); el ciclo de Isaac (cap. 26); el ciclo de Jacob (caps. 27-35) y la historia de José (caps. 37-50).
Con la historia patriarcal, la Biblia quiere enseñar ante todo cómo se lleva a cabo el designio de Dios de elegirse un pueblo para realizar con él una alianza, la del Sinaí, que viene preparada a su vez mediante las alianzas hechas por el mismo Dios con los patriarcas. Con Abrahán comienza a realizarse concretamente el proyecto salvador de Dios. Como enseña el Concilio Vaticano II «en su tiempo, Dios llamó a Abrahán para hacerlo padre de un gran pueblo (cfr Gn 12,2-3), al que luego instruyó por los patriarcas, por Moisés y por los profetas para que lo reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperaran al Salvador prometido; y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio» (Dei Verbum, n. 3).