COMENTARIO
También Sara parece impacientarse ante el retraso del cumplimiento de la promesa divina de dar descendencia a Abrahán. Por eso recurre a una costumbre de aquel tiempo que tenía como finalidad acrecentar el número de hijos. No se trataba propiamente de poligamia, sino de un medio buscado por la esposa legítima de dar hijos al marido. Según conocemos por la legislación babilónica de aquella época, si la esclava, al verse encinta, despreciaba a su señora, podía ser castigada y tratada de nuevo como esclava. Es lo que teme Agar y por eso huye.
Los patriarcas viven según las costumbres de su tiempo, que, en casos como éste, reflejan una moral imperfecta. A la luz del conjunto de la enseñanza bíblica, podemos entender tales comportamientos como consecuencia del pecado de origen, y podemos ver cómo, en efecto, Dios va llevando progresivamente a la humanidad hacia una moral en consonancia plena con la dignidad del hombre reflejada en el relato de la creación. Así será la propuesta por Jesucristo y recogida en el Nuevo Testamento, por ejemplo en Mt 5,31-32, a propósito del matrimonio. Pero hasta ese momento Dios tolera, con extraordinaria pedagogía, aquellas costumbres y formas de conducta imperfectas, en orden precisamente a conducir a la humanidad a metas más elevadas. «Los libros del Antiguo Testamento —enseña el Concilio Vaticano II— manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina» (Dei Verbum, n. 15).