COMENTARIO

 Gn 17,10-14 

La circuncisión, que consiste en cortar circularmente una porción del prepucio, pudo ser originariamente un rito de iniciación al ejercicio de la sexualidad y al matrimonio, común en diversos pueblos del antiguo Próximo Oriente. En su práctica también pudieron influir razones de orden higiénico. El pueblo de Israel lo consideró como un mandato divino en el contexto de la alianza y como signo distintivo de la pertenencia al pueblo de Dios. En este sentido se puede entender en la tradición cristiana que la circuncisión prefiguraba el Bautismo. «La circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento (cfr Lc 2,21) es señal de su inserción en la descendencia de Abrahán, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley (cfr Ga 4,4) y de su consagración al culto de Israel en el que participará durante toda su vida. Este signo prefigura “la circuncisión en Cristo” que es el Bautismo (Col 2,11-13)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 527). En la nueva economía de la salvación aquel signo ha dejado de tener vigencia: «Porque en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por la caridad» (Ga 5,6).

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