COMENTARIO
La realización del plan de Dios, manifestado en la promesa del cap. 15, va a sobrepasar las expectativas de Abrahán. Éste, ciertamente, tiene ya un hijo, Ismael, obtenido mediante la esclava Agar según las costumbres de su tiempo, es decir, según las leyes y los recursos humanos. Pero no es a través de ese hijo como Dios va a cumplir su promesa, sino a través de un hijo que nacerá de Sara, y en cuyo nacimiento se manifestará el poder de Dios de tal modo que se vea claramente su intervención en dicho cumplimiento.
También Sara, la mujer de Abrahán, va a tener una participación directa en el modo de cumplirse la promesa. De ahí que también a ella se le cambie el nombre para indicar la nueva personalidad que adquiere al hacerla participar directamente en el proyecto divino mediante su maternidad. Es lo que ahora se anuncia a Abrahán.
La sonrisa de Abrahán, así como la risa de Sara en el capítulo siguiente (cfr 18,12-14), al tiempo que resalta lo asombroso del anuncio —tanto que parece increíble— está relacionada ya con el nombre del hijo que nacerá: Isaac (cfr 21,6). Abrahán, sin embargo, sigue pensando en el hijo que ya tiene, Ismael. También sobre éste recaerán las bendiciones divinas, y se convertirá en un gran pueblo, el pueblo de los ismaelitas, o árabes. Pero al patriarca se le pide ahora un nuevo acto de fe en Dios: esperar, a pesar de la vejez de ambos, que Sara le dé un hijo, que será el protagonista de la alianza con Dios, como lo había sido Abrahán. Y es que la acción de Dios, en efecto, sobrepasa las expectativas del hombre.