COMENTARIO

 Gn 19,24 

Probablemente las ruinas de Sodoma y Gomorra se encuentran bajo las aguas del Mar Muerto, en la parte sur. El relato bíblico interpreta la desaparición de dichas ciudades por algún cataclismo pavoroso, como castigo de Dios por los pecados de sus habitantes.

A lo largo de la Biblia se alude con frecuencia a la imponente destrucción de estas dos ciudades, así como al territorio en que se asentaban, ahora desolado, como testimonio y ejemplo del rigor del castigo divino (cfr Dt 29,22; Is 13,19; Jr 49,18; etc.) del que Israel es preservado, a pesar de sus pecados, gracias a la fidelidad de un pequeño resto (cfr Is 1,9), y del que se salvarán asimismo los justos (cfr Sb 10,6-7). Nuestro Señor Jesucristo compara el castigo de Sodoma y Gomorra con el que sobrevendrá el día del Juicio, que será mucho mayor que aquél (cfr Mt 10,15; 11,23-24), y nos invita a recordar aquel cataclismo para estar siempre vigilantes (cfr Lc 17,28-30).

Como ya había sucedido en el diluvio del que fue preservado Noé (cfr Gn 6,8-12), Dios «a las ciudades de Sodoma y Gomorra las condenó a la destrucción, reduciéndolas a cenizas para escarmiento de lo que habrá de suceder a los impíos; y libró en cambio al justo Lot —angustiado por la conducta licenciosa de aquellos hombres inicuos—; pues este justo, al vivir entre ellos, sentía atormentada su alma por las obras inicuas que un día y otro veía y oía: porque el Señor sabe cómo librar de la prueba a los piadosos y retener a los impíos para castigarlos en el día del juicio, sobre todo a los que van detrás de la carne, arrastrados por deseos impuros, y menosprecian la autoridad del Señor.» (2 P 2,6-10).

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