COMENTARIO
El suceso de la mujer de Lot viene a ser una advertencia de no volverse atrás en el camino emprendido. En este sentido lo recuerda el Señor aplicándolo a la imprevisibilidad del día del Juicio (cfr Lc 17,32). La tradición cristiana lo ha aplicado a la perseverancia en el buen propósito emprendido. Así escribe, por ejemplo, un antiguo autor: «La mujer de Lot, convertida en estatua de sal, propone con su ejemplo a los simples, que no deben mirar atrás con curiosidad enfermiza, cuando avanzan hacia un propósito santo» (Quodvultdeus, De promissionibus 1). Y, empleando la misma imagen respecto a la vocación cristiana, exhorta San Josemaría Escrivá: «Tú, que has visto clara tu condición de hijo de Dios, aunque ya no lo volvieras a ver —¡no sucederá!—, debes continuar adelante en tu camino, para siempre, por sentido de fidelidad, sin volver la cara atrás» (Forja, n. 420).