COMENTARIO

 Gn 21,1-7 

La promesa narrada en 15,18 y 17,19-21 comienza ahora a cumplirse. La edad del patriarca viene a resaltar la intervención especial de Dios en el nacimiento de Isaac; y lo mismo la explicación etimológica del nombre, «se echó a reír», que ahora se interpreta como «Dios me ha hecho reír», es decir, me ha hecho feliz (cfr 18,15). Sobresale al mismo tiempo el ejemplo de Abrahán en cumplir estrictamente el mandamiento de la circuncisión.

Éste es quizá el momento más gozoso en la vida del patriarca, que hasta aquí ha transcurrido en su mayor parte en medio de pruebas y tribulaciones. Con el nacimiento de Isaac se acrecienta la confianza de Abrahán en Dios, que se expresa ahora mediante la obediencia inmediata a su Ley. El Señor prepara de este modo al patriarca fortaleciéndole para la prueba definitiva que se le pedirá más adelante. Contemplando este acontecimiento de la vida de Abrahán, entendemos que en los momentos de oscuridad a lo largo de la vida hemos de confiar en el Señor: «Es la hora de clamar: acuérdate de las promesas que me has hecho, para llenarme de esperanza; esto me consuela en mi nada, y llena mi vivir de fortaleza (cfr Sal 119,49-50). Nuestro Señor quiere que contemos con Él, para todo: vemos con evidencia que sin Él nada podemos (cfr Jn 15,5), y que con Él podemos todas las cosas (cfr Flp 4,13). Se confirma nuestra decisión de andar siempre en su presencia (cfr Sal 119,168)» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 305).

Volver a Gn 21,1-7