COMENTARIO
Esta nueva expulsión de Agar e Ismael de casa de Abrahán completa la historia recogida en el cap. 16. Ahora se explica el motivo de la expulsión de la esclava y de su hijo —expulsión que iba contra el derecho establecido—. La actitud de Sara contribuye decisivamente a que sólo Isaac sea el heredero de Abrahán, a pesar de no ser el primogénito. Por encima de las leyes de sucesión de su tiempo, Sara secunda el proyecto de Dios de que la verdadera descendencia de Abrahán venga por Isaac, el hijo según la promesa, y no por Ismael, el hijo según las leyes naturales. De esta forma se va destacando el papel de la mujer, y especialmente de la madre, en el cumplimiento de los designios divinos. Las figuras de Agar y Sara, junto con las circunstancias que las rodean en este pasaje bíblico, son para San Pablo tipo de dos Alianzas (cfr Ga 4,21-31): la primera, la del monte Sinaí, representada en la esclava Agar que da a luz según la carne; la segunda, referida a la nueva Alianza en Cristo, representada en Sara, la esposa libre, que da a luz según la promesa. Escribiendo a los cristianos de Galacia, y a la luz de esta tipología, San Pablo exclamará: «Por tanto, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre» (Ga 4,31).
La escena de Agar en el desierto es, por su parte, un ejemplo de la misericordia de Dios, pues, como enseña San Juan Crisóstomo, «cuando Dios lo permita, aunque estemos en el mayor abandono, y en aflicción extrema, y no tengamos ninguna esperanza de salvación, de nada tendremos necesidad si todo lo supeditamos a la gracia divina. Pues si hemos renacido por su gracia, nadie prevalecerá contra nosotros, sino que seremos más fuertes que todo» (Homiliae in Genesim 46,2).