COMENTARIO
El episodio de la boda de Isaac se narra antes de la muerte de Abrahán para subrayar la continuidad entre la historia de Isaac y la de Abrahán. En lo sucesivo se centrará en los hijos nacidos de Rebeca: Esaú y Jacob (cfr 25,19ss.). La residencia de Isaac y de Abrahán no parece que sea ya Mambré (cfr 23,19), sino más al sur, en el desierto del Négueb (cfr 24,62).
El relato refleja ciertamente el contexto y las costumbres de la época patriarcal; pero, al mismo tiempo, se distingue de los otros relatos sobre los patriarcas por su refinada construcción artística, y por la manera tan discreta de presentar la intervención de Dios. En efecto, la historia está narrada en cinco escenas sucesivas, con otros tantos diálogos, empalmados por breves notas narrativas. En la primera escena aparece Abrahán y su criado (vv. 1-9); en la segunda, el criado con Rebeca (vv. 10-28); en la tercera, en casa de Rebeca, el criado y Labán (vv. 29-53); en la cuarta, en el momento de la partida, Rebeca y su familia (vv. 54-61); y en la quinta, Rebeca, el criado e Isaac (vv. 62-67). El narrador parece saborear las escenas y los diálogos. En cuanto a la intervención de Dios, hay que notar que si bien no aparece directamente en ningún momento, sin embargo, Él es el verdadero protagonista de cuanto ocurre, pues está guiando providencialmente todos los acontecimientos.