COMENTARIO

 Gn 24,1-9 

El tono del pasaje deja entrever que Abrahán ve cercano el final de su vida y cumplida la promesa de Dios en cuanto a la descendencia y a la tierra. Por ello el patriarca se preocupa de buscar entre su propia familia una esposa para su hijo, según las costumbres de las gentes seminómadas en aquella época. Al mismo tiempo, Abrahán muestra su voluntad incondicional de que Isaac no abandone aquella tierra. La forma de juramento, con la mano bajo el muslo (cfr 47,29), que Abrahán impone a su siervo, reviste una fuerza extraordinaria que obliga al siervo, cuya fidelidad se resalta, a cumplir rigurosamente lo jurado. Una vez más, aparece la fe de Abrahán por encima de las dificultades que le presenta su siervo. Abrahán confía plenamente en que Dios, con su providencia, eliminará tales obstáculos, como de hecho se concluye del final del relato.

La decisión de Abrahán con respecto a la esposa que había de tomar Isaac pone también de relieve la importancia de la esposa para mantener la fe del marido y del hogar. Comenta San Ambrosio que «con frecuencia, las seducciones de la mujer engañan incluso a los maridos más fuertes y les hacen alejarse de la religión. (…) Pues lo primero que se debe buscar en la unión conyugal es la religión. (…) Aprende, por tanto, lo que ha de buscarse en la mujer: Abrahán no buscó oro, ni plata, ni posesiones, sino el don de un buen corazón» (De Abraham 1,9,84-85).

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