COMENTARIO
La narración sobre los doce descendientes de Ismael recoge, sin duda, antiguas tradiciones sobre los ismaelitas, y con ella se confirma —por el mismo simbolismo del número doce— la promesa de Dios de hacer también de Ismael un gran pueblo (cfr 17,20). No es fácil identificar los grupos representados en cada uno de estos nombres. Es posible que Nebayot haga referencia a los nabateos, cuya capital, en la época romana, fue Petra. Del resto poco o nada se sabe. En cualquier caso, el pasaje viene a establecer los límites en que habitan esos pueblos: desde el noroeste de Arabia, donde está Javilá, hasta la frontera con Egipto, que en aquel tiempo estaba protegida por una gran muralla al borde del desierto.
Una vez mostrado el cumplimiento de la promesa de Dios sobre Ismael, la Biblia ya no se ocupa más de él y centra la atención en Isaac y sus descendientes.