Cuando a la mañana siguiente se levantaron, dijo:
—Permítanme volver a mi amo.
55Pero el hermano y la madre de Rebeca dijeron:
—Que se quede la joven al menos diez días con nosotros, después irá.
56Él les contestó:
—No me hagan retrasarme, ya que el Señor ha dado éxito a mi viaje; permítanme que vaya a mi amo.
57Ellos respondieron:
—Llamemos a la joven y preguntémosle su parecer.
58Llamaron a Rebeca y le preguntaron:
—¿Quieres ir con este hombre?
Ella respondió:
—Iré con él.
59Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza, junto con el siervo de Abrahán y sus hombres. 60Y bendijeron a Rebeca diciéndole:
—Tú eres nuestra hermana,
que crezcas por millares y millares,
que domine tu descendencia
las ciudades de sus enemigos.
61Rebeca y sus doncellas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó consigo a Rebeca y partió.
62Isaac había vuelto del pozo de Lajay–Roy y habitaba en la región del Négueb. 63Un atardecer salió Isaac al campo a distraerse, y al alzar la vista vio que venían camellos. 64También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, se bajó del camello 65y preguntó al siervo:
—¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?
El siervo respondió:
—Es mi amo.
Entonces ella tomó el velo y se cubrió. 66El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho 67e Isaac condujo a Rebeca a la tienda de Sara, su madre; la tomó consigo y la hizo su esposa. Isaac la amó, y así se consoló de la muerte de su madre.
25Gn1Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá, 2que le dio a Zimrán, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Yisbac y a Súaj. 3Yocsán engendró a Sebá y a Dedán; y los hijos de Dedán fueron los asirios, latusitas y leumitas. 4Los hijos de Madián fueron: Efá, Éfer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos ellos hijos de Queturá.
5Abrahán dio todo cuanto poseía a Isaac; 6y a los hijos de las concubinas que había tenido, les proporcionó recursos, y, viviendo él todavía, los mandó lejos de su hijo Isaac, hacia el levante, al país de oriente.
7Los años de vida que alcanzó Abrahán fueron ciento setenta y cinco. 8Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz, anciano y colmado de años, y fue a reunirse con su pueblo. 9Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, frente a Mambré, 10el campo que Abrahán había comprado allí a los hijos de Set. Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara.
11Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac, e Isaac se estableció junto al pozo de Lajay–Roy.
12Éstos son los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán, el que le dio Agar, la esclava egipcia de Sara:
13Los nombres de los hijos de Ismael, según el orden de nacimiento son: el primogénito de Ismael fue Nebayot, después Quedar, Adbeel, Mibsam, 14Mismá, Dumá, Masá, 15Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá. 16Así quedan dichos los hijos de Ismael y sus nombres según sus poblados y campamentos: son los doce príncipes de sus respectivos pueblos.
17Los años de vida de Ismael fueron ciento treinta y siete años, luego expiró, murió, y fue a reunirse con su pueblo. 18Sus hijos se establecieron desde Javilá hasta Sur, que está frente a Egipto en dirección a Asiria. Se situaron frente a todos sus hermanos.
19Éstos son los descendientes de Isaac, hijo de Abrahán:
Abrahán había engendrado a Isaac; 20y tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán–Aram, y hermana de Labán, el arameo. 21Isaac imploró al Señor en favor de su esposa, pues era estéril. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió. 22Y como los hijos se hostigasen en su seno, exclamó:
—Si esto es así, ¿qué va a ser de mí?
Y fue a consultar al Señor. 23El Señor le respondió:
—Dos pueblos hay en tu vientre;
se separarán dos naciones surgidas de ti.
Una nación superará a la otra,
y la mayor servirá a la menor.
24Se le cumplieron los días de dar a luz y resultó que tenía mellizos en su seno. 25El primero que salió era de tez rojiza, todo peludo como una zamarra de piel, y le pusieron de nombre Esaú. 26Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y le pusieron de nombre Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años.
27Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas. 28Isaac prefería a Esaú porque le traía caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob.
29Un día Jacob había preparado un guiso, cuando Esaú volvió agotado del campo. 30Y Esaú dijo a Jacob:
—Déjame comer, por favor, de eso rojo, pues estoy agotado. (Por eso precisamente se llama Edom).
31Jacob respondió:
—Véndeme ahora mismo tu primogenitura.
32Y dijo Esaú:
—Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?
33Repuso Jacob:
—Júramelo ahora mismo.
Y él se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. 34Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura.
26Gn1Sobrevino en el país un hambre distinta de aquella primera que hubo en tiempos de Abrahán, e Isaac se dirigió hacia Abimélec, rey de los filisteos, en Guerar. 2El Señor se le manifestó y le dijo:
—No bajes a Egipto. Ve a vivir a la tierra que te diré. 3Habita en esta tierra y yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia voy a dar toda esta tierra cumpliendo el juramento que hice a tu padre Abrahán. 4Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré toda esta tierra a tu descendencia; y todos los pueblos de la tierra se bendecirán en tu descendencia, 5puesto que Abrahán obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mandatos, decretos y leyes.
6E Isaac se estableció en Guerar.
7Los hombres de aquel lugar preguntaron acerca de su mujer, y dijo que era su hermana porque tenía miedo de que, si decía que era su esposa, los hombres de aquel lugar le mataran a causa de Rebeca, ya que ella era muy hermosa. 8Se habían prolongado los días de estancia allí, cuando Abimélec, rey de los filisteos, mirando por la ventana vio que Isaac acariciaba a Rebeca, su esposa. 9Entonces Abimélec llamó a Isaac y le dijo:
—Está claro que es tu esposa, ¿por qué dijiste que era tu hermana?
Le contestó Isaac:
—Porque tuve miedo no fuera a morir por su causa.
10Exclamó Abimélec:
—¡Qué es lo que nos has hecho! Poco ha faltado para que cualquiera de nosotros se uniera a tu esposa, y nos habrías acarreado un gran pecado.
11Y Abimélec avisó a toda la gente diciendo:
—El que toque a este hombre o a su mujer, morirá.
12Isaac sembró en aquella tierra y recogió aquel año el ciento por uno, pues el Señor le bendijo. 13El hombre se fue enriqueciendo poco a poco hasta llegar a ser muy rico; 14y tuvo rebaños de ovejas y vacas, y mucha servidumbre.
Pero los filisteos le tuvieron envidia, 15y cegaron, llenándolos de arena, todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre, en vida de su padre Abrahán. 16Abimélec dijo entonces a Isaac:
—Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros.
17Isaac partió de allí, acampó junto al torrente Guerar, y se quedó allí. 18Después Isaac volvió a excavar los pozos de agua que habían cavado en vida de su padre Abrahán, y que los filisteos cegaron tras la muerte de Abrahán. Y puso a los pozos los mismos nombres que les había puesto su padre. 19Además, los siervos de Isaac cavaron junto al torrente y encontraron allí un manantial de agua viva. 20Pero los pastores de Guerar discutieron con los pastores de Isaac diciendo:
—Este agua es nuestra.
Por eso llamó a aquel pozo Ésec, porque aquéllos habían reñido con él. 21Excavaron otro pozo y también discutieron sobre él, y lo llamó Sitná. 22Se retiró de allí, cavó otro pozo, y ya no discutieron por él. Lo llamó Rejobot pues dijo: «Ahora el Señor nos ha dado anchura para prosperar en el país».
23Desde allí subió a Berseba 24donde el Señor se le manifestó aquella noche y le dijo:
—Yo soy el Dios de tu padre Abrahán;
no temas porque yo estoy contigo,
te bendeciré,
multiplicaré tu descendencia
en atención a mi siervo Abrahán.
25Isaac construyó allí un altar e invocó el nombre del Señor; plantó allí su tienda y sus siervos cavaron un pozo.
26Abimélec vino a él desde Guerar, en compañía de Ajuzat, amigo suyo, y de Picol, capitán de su ejército. 27Isaac les dijo:
—¿Por qué han venido ustedes hasta mí, siendo así que me odian y me expulsaron de su lado?
28Le contestaron:
—Realmente hemos visto que el Señor está contigo, y hemos dicho: «Haya un pacto entre nosotros, entre tú y nosotros; hagamos contigo la alianza 29de que no nos causarás ningún daño, lo mismo que nosotros no te hemos tocado, sino que sólo te hicimos bien y te despedimos en paz». Ahora tú eres bendito del Señor.
30Isaac les preparó un banquete y ellos comieron y bebieron. 31A la mañana siguiente madrugaron y se hicieron juramento el uno al otro. Isaac los despidió y se fueron en paz de su lado.
32Aquel día vinieron los siervos de Isaac y le trajeron noticias sobre el pozo que habían cavado, diciéndole que habían encontrado agua. 33Entonces puso al pozo el nombre de Sebá, y por eso el nombre de la ciudad es Berseba hasta el día de hoy.
34Esaú tenía cuarenta años cuando tomó por esposas a Judit, hija de Beerí, el hitita, y a Basemat, hija de Elón, el hitita. 35Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca.
27Gn1Isaac envejeció y sus ojos se debilitaron hasta perder la vista. Llamó a su hijo mayor Esaú, y le dijo:
—¡Hijo mío!
—Aquí estoy.
2Dijo el padre:
—Mira, soy viejo y desconozco el día de mi muerte; 3toma, pues, por favor, tus armas, tu aljaba y tu arco, ve al campo y cázame alguna pieza; 4luego me preparas un buen guiso, como a mí me gusta, y me lo traes para comer con el fin de bendecirte antes de que muera.
5Rebeca había escuchado la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú salió al campo a cazar algo que traerle. 6Entonces Rebeca habló a su hijo Jacob diciéndole:
—Mira, he oído a tu padre hablar con tu hermano Esaú y decirle: 7«Tráeme caza y prepárame un buen guiso para comer con el fin de bendecirte delante del Señor antes de mi muerte». 8Ahora, pues, hijo mío, escucha lo que te voy a mandar: 9Ve al rebaño y tráeme de allí los dos mejores cabritos; yo los prepararé en un buen guiso para tu padre, como a él le gusta. 10Luego lo llevarás a tu padre para que coma con el fin de que te bendiga antes de su muerte.
11Respondió Jacob a su madre Rebeca:
—Sabes que mi hermano Esaú es un hombre velludo y yo en cambio soy lampiño. 12Puede ser que mi padre me palpe, yo le parezca un impostor, y entonces atraiga sobre mí su maldición en vez de su bendición.
13Le replicó su madre:
—Carga sobre mí la maldición, hijo mío. Hazme caso; ve y tráemelos.
14Él fue, los tomó y los llevó a su madre que preparó un buen guiso, como le gustaba a Isaac. 15Luego Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor, Esaú, que había en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor. 16Recubrió sus manos y la parte lampiña de su cuello con las pieles de los cabritos 17y puso el sabroso guiso y el pan que había preparado en las manos de su hijo Jacob.
18Él se acercó a su padre y le dijo:
—¡Padre mío!
Éste respondió:
—Aquí estoy. ¿Quién eres tú, hijo mío?
19Jacob repuso a su padre:
—Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, ponte sentado y come de mi caza, con el fin de que me bendigas.
20Isaac respondió a su hijo:
—¡Qué rápido has sido en encontrarla, hijo mío!
Él replicó:
—Porque el Señor tu Dios me la ha puesto delante.
21Isaac dijo a Jacob:
—Acércate para que pueda tocarte, hijo mío, a ver si eres mi hijo Esaú o no.
22Jacob se acercó a su padre Isaac quien lo palpó y dijo:
—La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.
23No lo reconoció porque sus manos estaban velludas como las de su hermano Esaú, y le bendijo. 24Aún le preguntó:
—¿Eres tú mi hijo Esaú?
Él respondió:
—Yo soy.
25Dijo Isaac:
—Acércame la caza, hijo mío, y la comeré con el fin de bendecirte.
Se la acercó y comió; le dio vino y bebió. 26Y le dijo su padre Isaac:
—Acércate y bésame, hijo mío.
27Se acercó y le besó. Entonces percibió el olor de su vestido, y le bendijo diciendo:
—El olor de mi hijo
es como el olor de un campo
que ha bendecido el Señor.
28Que Dios te conceda el rocío del cielo
y la riqueza de la tierra;
abundancia de trigo y de vino.
29Que los pueblos te sirvan
y las naciones se postren ante ti;
que seas señor de tus hermanos
y se te postren los hijos de tu madre.
Maldito el que te maldiga
y bendito el que te bendiga.
30Apenas había terminado Isaac de bendecir a Jacob, justo cuando Jacob salía de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú regresó de cazar. 31También él preparó un buen guiso y se lo llevó a su padre, diciéndole:
—Que mi padre se incorpore y coma de la caza de su hijo, para que tu alma me bendiga.
32Le preguntó su padre Isaac:
—¿Quién eres tú?
Él respondió:
—Soy Esaú, tu hijo primogénito.
33Entonces Isaac se llenó de gran espanto y preguntó:
—¿Quién es, pues, el que trajo caza, me la presentó y comí de todo antes de que tú vinieras? Le he bendecido y por tanto quedará bendito.
34Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó un tremendo grito lleno de amargura, y pidió a su padre:
—Bendíceme a mí también, padre mío.
35Éste le dijo:
—Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que te pertenecía a ti.
36Él contestó:
—Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado dos veces: me arrebató la primogenitura y ahora se lleva la bendición que me pertenecía a mí.
Y preguntó:
—¿No te ha quedado una bendición para mí?
37Respondió Isaac y dijo a Esaú:
—Le he constituido tu señor, le he dado a todos sus hermanos como siervos, y le he entregado el trigo y el mosto, ¿qué voy ya a hacer por ti, hijo mío?
38Respondió Esaú a su padre:
—¿Solamente tienes una bendición? Bendíceme también a mí, padre mío.
Y Esaú rompió a llorar a gritos. 39Isaac, su padre, le respondió diciendo:
—Mira, lejos de las tierras ricas
tendrás tu morada,
lejos del rocío que baja del cielo;
40gracias a la espada vivirás
y a tu hermano servirás.
Pero cuando te rebeles,
echarás su yugo de tu cuello.
41Esaú odiaba a su hermano por la bendición con que le había bendecido su padre; y pensó en su corazón: «Ya están cerca los días de duelo por mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob».
42Le contaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor Esaú, y ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo:
—Tu hermano se quiere vengar de ti matándote. 43Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán; 44quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano, 45hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que le has hecho. Entonces mandaré a buscarte allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día?
46Rebeca dijo a Isaac:
—Estoy asqueada de la vida junto a las hijas de Het; si Jacob toma esposa de las hijas de Het, nativas del país como ésas, ¿para qué quiero vivir?
28Gn1Isaac llamó a Jacob y, después de bendecirle, le ordenó lo siguiente:
—No tomes esposa de las hijas de Canaán. 2Ponte en camino, ve a Padán–Aram, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y búscate allí una esposa entre las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3Que El–Saday te bendiga, te haga crecer y multiplicarte, y te conviertas en una multitud de pueblos; 4que te conceda la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra en que resides que Dios otorgó a Abrahán.
5E Isaac envió a Jacob, que fue a Padán–Aram, junto a Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.
6Esaú se enteró de que Isaac había bendecido a Jacob y le había enviado a Padán–Aram a buscarse allí esposa, y de que al bendecirle le había ordenado lo siguiente: «No tomes esposa entre las hijas de Canaán». 7Se enteró también de que Jacob había obedecido a su padre y a su madre y había ido a Padán–Aram. 8Entonces se dio cuenta Esaú de que las hijas de Canaán no le eran gratas a su padre Isaac. 9Se encaminó a Ismael y tomó por esposa, además de las que tenía, a Majalat, hermana de Nebayot e hija de Ismael, hijo de Abrahán.
10Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán. 11Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo. 12Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 13El Señor estaba sobre ella y le dijo:
—Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. 14Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. 15Yo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho.
16Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó:
—El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía.
17Y lleno de temor añadió:
—¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.
18Se levantó Jacob muy de mañana y, tomando la piedra que había colocado de cabecera, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. 19Y llamó a aquel lugar Betel (aunque al principio el nombre de la ciudad era Luz).
20Entonces Jacob hizo un voto diciendo:
—Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que hago, si me proporciona pan para comer y ropa para vestirme, 21y vuelvo con bien a casa de mi padre, el Señor será mi Dios. 22Esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo.
29Gn1Después Jacob reanudó el camino y fue al país de los orientales. 2Divisó un pozo en el campo y, junto a él, tres rebaños de ovejas sesteando allí, pues los rebaños abrevaban en aquel pozo. Una piedra grande tapaba el brocal. 3Allí se reunían todos los rebaños; quitaban entonces la piedra del brocal y daban de beber a las ovejas, volviendo a colocar después la piedra en su sitio sobre el brocal del pozo.
4Jacob dijo a los pastores:
—Hermanos, ¿de dónde son?
Le respondieron:
—Somos de Jarán.
5Les preguntó:
—¿Conocen a Labán, hijo de Najor?
Le contestaron:
—Sí, le conocemos.
6Les preguntó:
—¿Está bien?
Le dijeron:
—Está bien. Mira, ahí llega su hija Raquel con las ovejas.
7Él les dijo:
—Aún queda mucho día y no es hora de recoger el ganado; abreven las ovejas y vayan a apacentarlas.
8Le contestaron:
—No podemos hasta que se hayan reunido todos los rebaños y quiten la piedra del brocal del pozo; entonces podremos abrevar las ovejas.
9Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora. 10Al ver Jacob a Raquel, hija de su tío Labán, y las ovejas de su tío Labán, se acercó, retiró la piedra del brocal del pozo y abrevó las ovejas de Labán, su tío. 11Después Jacob besó a Raquel y rompió a llorar en alto. 12Jacob declaró a Raquel que era pariente de su padre, pues era hijo de Rebeca. Entonces ella fue corriendo a contárselo a su padre.
13Cuando Labán oyó la noticia acerca de su sobrino Jacob, fue corriendo a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Allí éste le contó a Labán todas aquellas cosas. 14Labán le dijo:
—Realmente eres de mi carne y de mi sangre.
Jacob permaneció con él un mes.
15Entonces Labán dijo a Jacob:
—¿Acaso por ser pariente mío me vas a servir de balde? Dime cuál va a ser tu paga.
16Tenía Labán dos hijas, la mayor se llamaba Lía, y la pequeña Raquel. 17Lía era de ojos tristes, Raquel, en cambio, tenía buena presencia y era muy bella. 18Jacob amaba a Raquel, y propuso a Labán:
—Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor.
19Contestó Labán:
—Mejor te la doy a ti que a cualquier otro extraño. Quédate conmigo.
20Jacob sirvió a Labán durante siete años que le parecieron unos cuantos días de tanto que la amaba. 21Entonces dijo Jacob a Labán:
—Dame a mi mujer, puesto que se ha cumplido el plazo y quiero vivir con ella.
22Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete. 23Por la noche tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, quien se unió a ella. 24Labán dio su propia esclava Zilpá a su hija Lía como esclava.
25Al llegar la mañana, vio que aquélla era Lía. Y Jacob dijo a Labán:
—¿Qué es lo que me has hecho? ¿No he servido en tu casa a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado?
26Respondió Labán:
—No es costumbre entre nosotros dar la menor antes que la mayor. 27Termina esta semana y te daremos también a la otra a cambio del servicio que prestes en mi casa durante otros siete años más.
28Así lo hizo Jacob, y terminó aquella semana. Entonces Labán le entregó a su hija Raquel por esposa, 29y además dio su propia esclava Bilhá a su hija Raquel como esclava. 30Jacob vivió también con Raquel, y amaba a Raquel más que a Lía. Sirvió en casa de Labán todavía otros siete años.
31Vio el Señor que Lía era menospreciada y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32Lía concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Rubén porque se dijo:
—El Señor ha visto mi aflicción; por eso ahora me amará mi marido.
33Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y exclamó:
—Porque el Señor ha oído que era despreciada, me ha dado también a éste.
Y le puso Simeón.
34Volvió a concebir y a dar a luz un hijo, y dijo:
—Ahora, esta vez, mi marido vendrá a unirse a mí porque le he dado tres hijos.
Y por eso le puso por nombre Leví.
35Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y exclamó:
—Esta vez doy gracias al Señor.
Por eso le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz.
30Gn1Raquel veía que no daba hijos a Jacob, y tuvo celos de su hermana. Entonces dijo a Jacob:
—Dame hijos o si no moriré.
2Jacob se enfadó con Raquel y exclamó:
—¿Acaso estoy yo en el puesto de Dios que te ha privado del fruto de tu vientre?
3Ella respondió:
—Ahí tienes a mi esclava Bilhá; llégate a ella y que dé a luz sobre mis rodillas. Así, yo tendré hijos por medio de ella.
4Y le dio a su esclava Bilhá por mujer, y Jacob se llegó a ella. 5Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob. 6Entonces dijo Raquel:
—Dios me ha hecho justicia y ha escuchado mi voz dándome un hijo.
Por eso le puso por nombre Dan.
7De nuevo concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo. 8Y Raquel exclamó:
—He peleado con mi hermana peleas divinas, y he vencido.
Y le puso por nombre Neftalí.
9Al ver Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio por mujer a Jacob. 10Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob; 11y Lía exclamó:
—¡Qué buena suerte!
Y le puso por nombre Gad.
12Todavía Zilpá, la esclava de Lía, dio un segundo hijo a Jacob, 13y Lía dijo:
—Qué feliz soy, pues me felicitarán las mujeres.
Y le puso por nombre Aser.
14En los días de la siega del trigo, Rubén salió al campo, encontró unas mandrágoras, y se las llevó a su madre Lía. Entonces le dijo Raquel a Lía:
—Por favor, dame de las mandrágoras de tu hijo.
15Ésta le contestó:
—¿No te basta con haberte llevado a mi marido para que te lleves también las mandrágoras de mi hijo?
Repuso Raquel:
—Está bien, que duerma contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo.
16Y al llegar Jacob del campo por la tarde, Lía salió a su encuentro y le dijo:
—Vente conmigo, pues he pagado por ti con las mandrágoras de mi hijo.
Y Jacob se unió a ella aquella noche. 17El Señor escuchó a Lía, que concibió y dio a Jacob el quinto hijo. 18Dijo Lía:
—Dios me ha pagado por dar mi esclava a mi marido.
Y le puso por nombre Isacar.
19De nuevo concibió Lía y dio a Jacob el sexto hijo. 20Dijo entonces Lía:
—Dios me ha hecho un buen regalo, esta vez me ganaré a mi marido pues le he dado seis hijos.
Y le puso por nombre Zabulón.
21Después dio a luz una hija y le puso por nombre Dina.
22Dios se acordó de Raquel. Dios la escuchó y la hizo fecunda. 23Ella concibió y dio a luz un hijo, y exclamó:
—Dios ha quitado mi afrenta.
24Y le puso por nombre José, diciendo:
—Que el Señor me añada otro hijo.
25Después de que Raquel diera a luz a José, dijo Jacob a Labán:
—Déjame marchar, que quiero ir a mi casa y a mi tierra; 26dame las mujeres y los hijos por los que te he servido y me iré, pues tú conoces el servicio que te he prestado.
27Le respondió Labán:
—Si me aprecias, quédate; he recibido un oráculo de que el Señor me ha bendecido por tu causa.
28Y añadió:
—Fíjame tu salario y te lo pagaré.
29Le dijo Jacob:
—Tú sabes cuánto te he servido y cómo le ha ido a tu ganado conmigo, 30pues lo poco que tenías antes se ha convertido en mucho; el Señor te ha bendecido con mi llegada. Ahora bien, ¿cuándo voy a hacer algo por mi casa?
31Labán le preguntó:
—¿Qué tengo que darte?
—No me des nada —respondió Jacob—; haz únicamente lo siguiente: Volveré a pastorear y a cuidar tu rebaño. 32Pasaré hoy entre todo tu rebaño; tú aparta las reses listadas y oscuras; y todas las negras de entre las ovejas, y las oscuras y con pintas de entre las cabras, serán mi paga. 33Así el día de mañana mi honradez responderá de mí. Cuando te persones a comprobar mi paga, todo lo que no tenga pintas ni sea oscuro entre las cabras, o negro entre las ovejas, se me considerará un robo.
34Respondió Labán:
—Está bien; sea como dices.
35Aquel mismo día Labán apartó los machos cabríos oscuros y con pintas negras, todas las cabras oscuras y con pintas, todo lo que tenía algo de blanco, todas las ovejas negras, y las entregó a sus hijos. 36Se alejó de Jacob tres días de camino, mientras que Jacob pastoreaba el resto del rebaño de Labán.
37Jacob se procuró unas varas verdes de álamo, almendro y plátano; y peló en ellas unas franjas, dejando al descubierto lo blanco de las varas. 38Luego colocó las varas descortezadas en los pilones de los abrevaderos de agua donde el ganado venía a beber, justo delante del ganado que se apareaba al venir a abrevar. 39Así el ganado se apareaba delante de las varas y paría crías con pintas negras, reses listadas y oscuras.
40Jacob apartó los corderos y puso ese ganado junto al que tenía pintas o era negro en el rebaño de Labán, e iba poniendo sus hatos aparte, sin mezclarlos con el rebaño de Labán. 41Y siempre que se apareaban las reses más fuertes ponía Jacob las varas delante de ellas en los pilones, para que se aparearan delante de las varas; 42en cambio, no las ponía cuando las reses eran débiles. Así, las endebles eran para Labán y las fuertes para Jacob. 43El hombre se enriqueció muchísimo y tenía rebaños numerosos, siervas y siervos, camellos y asnos.
31Gn1Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían:
—Jacob se ha llevado todo lo de nuestro padre y ha hecho toda esa fortuna con lo que pertenece a nuestro padre.
2Jacob observó el rostro de Labán y vio que ya no era respecto a él como en los días pasados. 3Además, el Señor dijo a Jacob:
—Vuelve a la tierra de tus padres, a los tuyos; yo estaré contigo.
4Entonces Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran al campo junto al rebaño, 5y les dijo:
—Observo que el rostro de su padre hacia mí no es como en los días pasados; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6Ustedes saben que he servido a su padre con todas mis fuerzas. 7Pero su padre se ha burlado de mí cambiando diez veces mi paga; sin embargo, Dios no le ha permitido hacerme daño. 8Si él decía: «las reses listadas serán tu paga», todo el ganado paría crías listadas; y si decía: «las reses con pintas serán tu paga», todo el rebaño paría con pintas. 9Dios le ha quitado el rebaño a su padre y me lo ha dado a mí. 10Así pues, en el tiempo de aparearse el ganado levanté la vista, y vi en un sueño que los machos que cubrían el ganado eran listados, con pintas y con manchas. 11Y en el sueño me habló un ángel de Dios: «Jacob»; y contesté: «Aquí estoy». 12Y me dijo: «Levanta la vista y observa que todos los machos que cubren el ganado son listados, con pintas y con manchas, porque he visto todo lo que te está haciendo Labán. 13Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela, y donde me hiciste un voto. Ahora ponte en camino, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra natal».
14Raquel y Lía le respondieron:
—¿Acaso tenemos aún parte o herencia en casa de nuestro padre? 15¿No nos considera extranjeras puesto que nos ha vendido e incluso ha devorado nuestro dinero? 16Toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre era nuestra y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha mandado.
17Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos, 18y se llevó todo su ganado, el ganado de su propiedad que había adquirido en Padán–Aram, y los bienes que había conseguido, dirigiéndose a casa de su padre Isaac, en tierra de Canaán.
19Mientras Labán había ido a esquilar su rebaño, Raquel robó los terafim que tenía su padre. 20Jacob, por su parte, engañó a Labán, el arameo, al no comunicarle que se escapaba. 21Así huyó él con todo lo que tenía. Se puso en camino, cruzó el río y se dirigió a la montaña de Galaad.
22Al tercer día dieron a Labán la noticia de que Jacob había huido. 23Entonces tomó consigo a sus parientes y lo persiguió durante siete días, dándole alcance en la montaña de Galaad. 24Pero aquella noche Dios se acercó a Labán, el arameo, en un sueño, y le dijo:
—Guárdate de hacer nada a Jacob, ni bueno ni malo.
25Labán alcanzó a Jacob que había montado su tienda en la montaña, y montó también su tienda en la montaña de Galaad. 26Y dijo Labán a Jacob:
—¿Qué has hecho? Me has engañado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra. 27¿Por qué huiste a escondidas engañándome y no me lo hiciste saber? Yo te habría despedido con alegría y cantos, con panderos y cítaras. 28Ni siquiera me has dejado dar un beso a mis hijas y a mis nietos. En esto te has portado como un necio. 29Está en mi mano poder hacerles daño; pero el Dios de sus padres me habló anoche diciendo: «Guárdate de hacer algo a Jacob, ni bueno ni malo». 30Ahora te has ido porque anhelabas tu casa paterna, pero ¿por qué me has robado mis dioses?
31Respondió Jacob a Labán:
—Tuve miedo porque pensé que me quitarías a tus hijas. 32Pero a quien le encuentres tus dioses, no vivirá. Delante de nuestros hermanos busca lo que tenga tuyo y tómalo.
No sabía Jacob que Raquel los había robado.
33Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Cuando salió de la tienda de Lía entró en la de Raquel. 34Pero Raquel se había apoderado de los terafim, los había metido en una montura del camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda y no encontró nada. 35Ella le dijo a su padre:
—No te enfades, mi señor, si no puedo levantarme en tu presencia, pues estoy indispuesta.
Él buscó, pero no encontró los terafim.
36Entonces se indignó Jacob y se encaró a Labán. Jacob increpó a Labán:
—¿Cuál es mi crimen o mi pecado para que me persigas? 37Has registrado todas mis cosas. Si has encontrado algo de tu casa, ponlo aquí, ante mis parientes y los tuyos, y que ellos juzguen entre nosotros dos. 38He estado contigo veinte años y ni tus ovejas ni tus cabras abortaron; no me comí los carneros de tu rebaño; 39no te traje res despedazada, sino que yo mismo la reponía; me exigías lo que robaban de día y lo que robaban de noche. 40Aguanté que me devorara el calor durante el día y el frío durante la noche sin poder conciliar el sueño. 41Llevo veinte años en tu casa; catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado; y me cambiaste la paga diez veces. 42Si no hubiera sido porque el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán y el Temor de Isaac, estaba conmigo, ahora me habrías despedido sin nada. Pero Dios ha visto mi aflicción y el cansancio de mis manos, y anoche lo dictaminó.
43Respondió Labán a Jacob:
—Ésas son mis hijas, ésos mis hijos, y ése mi rebaño; todo lo que ves es mío. ¿Qué puedo hacerles hoy a mis hijas o a los hijos que ellas han dado a luz? 44Ahora, pues, vamos; establezcamos una alianza entre tú y yo que sirva de testimonio entre los dos.
45Jacob tomó una piedra y la erigió como estela. 46Y dijo Jacob a sus familiares:
—Recojan piedras.
Ellos recogieron piedras, hicieron un montículo y comieron allí sobre el montículo. 47Labán lo llamó Yegar–Sehadutá y Jacob lo llamó Galed. 48Dijo entonces Labán:
—Este montículo sea hoy testigo entre tú y yo.
Por eso le puso el nombre de Galed, 49y también Mispá, pues dijo:
—Que el Señor nos vigile a mí y ti cuando nos hayamos alejado el uno del otro. 50Si maltratas a mis hijas o tomas otras mujeres además de mis hijas cuando no haya nadie con nosotros, ten presente que Dios es testigo entre tú y yo.
51Dijo también Labán a Jacob:
—Aquí está este montículo, y ahí la estela que he levantado entre tú y yo. 52Este montículo y la estela son testigos de que yo no traspasaré este montículo ni esta estela hacia ti, ni tú traspasarás este montículo ni esta estela hacia mí, para nada malo. 53Que el Dios de Abrahán y Dios de Najor, el Dios de sus padres, juzgue entre nosotros.
Jacob juró por el Temor de su padre Isaac. 54Y ofreció Jacob un sacrificio en la montaña, invitando a comer a sus parientes. Comieron pan y pasaron la noche en la montaña.
32Gn1Se levantó Labán muy de mañana, dio un beso a sus nietos y a sus hijas, los bendijo, y se fue. Labán regresó a su región.
2Jacob, en cambio, siguió su camino, y entonces le salieron al encuentro unos ángeles de Dios. 3Al verlos dijo Jacob:
—Éste es el campamento de Dios.
Y llamó a aquel lugar Majanaim.
4Jacob envió por delante mensajeros a su hermano Esaú, a la tierra de Seír en la región de Edom, 5y les dio esta orden:
—Así dirán a mi señor Esaú: «Esto dice tu siervo Jacob: He permanecido con Labán hasta ahora, 6y poseo bueyes y asnos, ovejas y vacas, siervos y siervas. Lo mando comunicar a mi señor para hallar gracia ante él».
7Volvieron a Jacob los mensajeros diciendo:
—Hemos llegado hasta donde está tu hermano Esaú, y también él viene a tu encuentro acompañado de cuatrocientos hombres.
8Se estremeció Jacob, y se llenó de angustia. Dividió a la gente que iba con él, las ovejas, las vacas y los camellos, en dos campamentos 9diciéndose: «Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el campamento restante podrá escapar».
10Entonces clamó Jacob:
—Dios de mi padre Abrahán, Dios de mi padre Isaac, el Señor, que me dijiste: «Vuelve a tu tierra, a tu ascendencia, que yo seré generoso contigo». 11Soy indigno de todos los favores y de toda la lealtad que has mostrado con tu siervo, pues atravesé el Jordán sin otra cosa que mi cayado, y ahora he llegado a formar dos campamentos. 12Líbrame de la mano de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de él, no vaya a venir y mate a la madre con los hijos. 13Tú mismo dijiste: «Seré muy generoso contigo y multiplicaré tu descendencia como la arena del mar, que, por ser tanta, no se puede contar».
14Pasó allí aquella noche y luego, de lo que poseía, separó un regalo para su hermano Esaú: 15doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte corderos, 16treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte burras y diez asnos. 17Lo confió a sus siervos, cada hato por separado, ordenándoles:
—Pasen delante de mí y dejen un trecho entre un hato y otro.
18Al primero le dio esta orden:
—Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde vas, y para quién es eso que llevas, 19tú contestarás: «Es de tu siervo Jacob, un regalo que envía a mi señor Esaú; él viene detrás de nosotros».
20Dio la misma orden al segundo, al tercero y a todos los que iban tras los hatos:
—Esto es lo que dirán a Esaú cuando se encuentren con él; 21y añadirán: «Tu siervo Jacob viene detrás de nosotros».
Pues se decía: «Lo aplacaré con el regalo que va por delante, y después lo veré cara a cara; quizá esté a mi favor».
22El regalo pasó por delante de él, y él se quedó aquella noche en el campamento. 23Se levantó por la noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos esclavas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yaboc. 24Los llevó y les hizo pasar el río; después pasó todo lo que tenía, 25y se quedó Jacob solo. Un hombre estuvo luchando con él hasta rayar el alba; 26y al ver aquel hombre que no le podía, le alcanzó en la articulación del muslo; y se le dislocó a Jacob la articulación del muslo en su lucha con él.
27Y le dijo el hombre:
—Suéltame, pues va a rayar el alba.
Le contestó:
—No te soltaré hasta que no me bendigas.
28Entonces le preguntó:
—¿Cómo te llamas?
Respondió:
—Jacob.
29Le dijo:
—Ya no te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido.
30Jacob le preguntó:
—Por favor, dime tu nombre.
Le contestó:
—¿Por qué preguntas mi nombre?
Y le bendijo allí mismo. 31Jacob puso a aquel lugar el nombre de Penuel, porque se dijo: «He visto a Dios cara a cara y conservo la vida».
32Salía el sol cuando atravesó Penuel, e iba cojeando del muslo. 33Por eso los hijos de Israel no comen hasta hoy el tendón que está en la articulación del muslo, porque en el tendón fue alcanzada la articulación del muslo de Jacob.
33Gn1Jacob alzó la vista y vio que venía Esaú acompañado de cuatrocientos hombres. Entonces repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas. 2Colocó delante a las esclavas con sus hijos, tras ellas a Lía con sus hijos, y detrás a Raquel con José. 3Él pasó delante de todos y se postró en tierra siete veces hasta llegar a su hermano. 4Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, le besó y rompieron a llorar.
5Alzando la vista vio a las mujeres y a los niños, y preguntó:
—¿Quiénes son éstos?
Respondió:
—Son los hijos que Dios ha concedido a tu siervo.
6Entonces se acercaron las esclavas con sus hijos y se postraron. 7Se acercó también Lía con sus hijos y se postraron. Después se acercaron José y Raquel y se postraron.
8Preguntó de nuevo:
—¿Qué es toda esa caravana que he encontrado?
Jacob contestó:
—Es para alcanzar el favor de mi señor.
9Repuso Esaú:
—Yo tengo mucho, hermano mío; guarda lo que es tuyo.
10Jacob replicó:
—De ningún modo. Si he hallado gracia a tus ojos, acepta mi regalo, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios, y me has acogido bien. 11Acepta, por favor, el presente que te he traído, pues me lo ha concedido Dios y de todo tengo en abundancia.
Le insistió tanto que aceptó. 12Y dijo Esaú:
—Pongámonos en marcha; yo iré a tu lado.
13Jacob le respondió:
—Mi señor sabe que los niños son débiles, y llevo ovejas y vacas criando; si las apremian una sola jornada, todo el rebaño morirá. 14Vaya, por tanto, mi señor delante de su siervo, y yo seguiré despacio, al paso de la caravana que llevo delante, y al paso de los niños, hasta llegar a donde está mi señor en Seír.
—Dejaré contigo parte de la gente que me escolta.
Contestó Jacob:
—¿Para qué? Sólo quiero hallar gracia ante mi señor.
16Aquel día Esaú volvió por su camino hacia Seír. 17Jacob marchó a Sucot, donde se construyó una casa e hizo cabañas para su ganado. Por eso puso por nombre a aquel lugar Sucot.
18Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, en tierra de Canaán, viniendo de Padán–Aram, y acampó frente a la ciudad. 19Entonces compró a los hijos de Jamor, padre de Siquem, la parte del campo donde había plantado su tienda por cien monedas. 20Construyó allí un altar y lo llamó El–Elohé–Israel.
34Gn1Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió a ver a las jóvenes de la región. 2La vio Siquem, hijo de Jamor el jiveo, príncipe del país, se la llevó, se unió a ella y la humilló. 3Se enamoró de Dina, hija de Jacob, amó a la muchacha y le habló al corazón. 4Siquem dijo a su padre Jamor:
—Toma a esta joven para mí como esposa.
5Jacob se enteró de que habían deshonrado a su hija Dina; pero como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta su vuelta.
6Jamor, padre de Siquem, salió a donde estaba Jacob para hablar con él. 7Los hijos de Jacob, al volver del campo, se enteraron; los hombres se llenaron de pena y de furia porque se había hecho una infamia contra Israel al haberse unido a una hija de Jacob; y eso no es lícito.
8Jamor habló con ellos diciendo:
—Mi hijo Siquem ama de corazón a su hija; dénsela, por favor, como esposa. 9Emparéntense con nosotros, dennos sus hijas y tomen las nuestras. 10Quédense a vivir con nosotros; el país estará a su disposición; establézcanse, recórranlo y adquieran posesiones en él.
11También Siquem habló al padre y a los hermanos de Dina:
—Que halle yo favor ante ustedes; cualquier cosa que me pidan se las daré. 12Súbanme mucho el precio y los regalos por la novia, que se los entregaré como me digan; pero denme a la muchacha como esposa.
13Los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Jamor hablándoles con engaño, porque aquél había deshonrado a su hermana Dina. 14Les dijeron:
—No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre que es incircunciso, pues sería una afrenta para nosotros. 15Solamente se los consentiremos con esta condición: que sean como nosotros, circuncidándose todos los varones. 16Entonces les daremos a nuestras jóvenes y tomaremos las de ustedes; habitaremos con ustedes y seremos como un solo pueblo. 17Pero si no están de acuerdo en circuncidarse, tomaremos a nuestra hija y nos iremos.
18Su propuesta pareció bien a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor; 19y el joven no tardó en hacerlo, porque estaba enamorado de la hija de Jacob, y era el más influyente de la casa de su padre.
20Después Jamor y su hijo Siquem fueron a la puerta de su ciudad y hablaron a sus conciudadanos diciéndoles:
21—Esos hombres están en son de paz hacia nosotros. Que habiten en la región y puedan recorrerla, ya que es una región espaciosa para ellos. Tomaremos a sus hijas por esposas y les daremos las nuestras. 22Pero estos hombres sólo consentirán en habitar con nosotros y llegar a ser un solo pueblo con una condición: que nos circuncidemos todos los varones, como ellos están circuncidados. 23Sus ganados, sus posesiones y sus animales, ¿no serán entonces nuestros? Así que demos nuestro consentimiento, y que habiten con nosotros.
24Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquem; y se circuncidaron todos los varones, todos los que salían por la puerta de la ciudad.
25Al tercer día, cuando aquellos estaban en medio de los dolores, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada, penetraron en la ciudad que estaba desguarnecida y mataron a todos los varones. 26También pasaron a espada a Jamor y a su hijo Siquem; sacaron a Dina de casa de Siquem y se marcharon.
27Los hijos de Jacob se lanzaron sobre los muertos, y saquearon la ciudad, porque habían deshonrado a su hermana. 28Se llevaron ovejas, vacas, asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo; 29tomaron como botín todas sus riquezas, sus niños y sus mujeres, y saquearon lo que había en las casas.
30Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví:
—Ustedes me han traído la desgracia haciéndome odioso a los habitantes del país, cananeos y perezeos. Somos pocos y ellos se reunirán contra mí, me atacarán y me aniquilarán a mí y a mi familia.
31Le respondieron:
—¿Se podía tratar a nuestra hermana como a una prostituta?
35Gn1Dios dijo a Jacob:
—Ponte en camino, sube a Betel y establécete allí; allí construirás un altar al Dios que se te manifestó cuando huías de tu hermano Esaú.
2Jacob ordenó a su familia y a todos los que le acompañaban:
—Retiren los dioses extraños que hay entre ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa; 3vamos a ponernos en camino y a subir a Betel, donde construiré un altar al Dios que me escuchó el día de mi aflicción y ha estado conmigo en el viaje que emprendí.
4Entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los pendientes que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró al pie de la encina que hay junto a Siquem. 5Iniciaron el viaje y el terror de Dios invadió las ciudades de su alrededor, de forma que no persiguieron a los hijos de Jacob.
6Jacob llegó a Luz, en tierra de Canaán, es decir, a Betel, con toda la gente que le acompañaba. 7Allí construyó un altar, y llamó a aquel lugar Dios de Betel, porque allí se le había manifestado Dios cuando huía de su hermano. 8Murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada cerca de Betel, al pie de la encina, por lo que se le dio el nombre de Alón–Bacut.
9De nuevo se le manifestó Dios a Jacob, a su vuelta de Padán–Aram y le bendijo. 10Le dijo Dios:
—Tu nombre es Jacob. Sin embargo ya no te llamarás más Jacob, sino que tu nombre será Israel.
Y le puso por nombre Israel. 11Además Dios le dijo:
—Yo soy El–Saday, sé fecundo y multiplícate; de ti se formará un pueblo e incluso una multitud de pueblos, y de tus entrañas saldrán reyes. 12La tierra que di a Abrahán e Isaac te la doy a ti; y a tu descendencia futura daré esta misma tierra.
13Y Dios se elevó de su lado, del lugar donde había hablado con él.
14Jacob erigió una estela en el lugar en el que Dios le había hablado. Era una estela de piedra. Hizo sobre ella una libación y derramó aceite sobre ella. 15Jacob llamó Betel a aquel lugar en el que Dios le había hablado.
16Partieron de Betel, y cuando todavía quedaba bastante trecho para llegar a Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo dificultades en el parto. 17En medio de los dolores del parto, le dijo la comadrona:
—No temas, pues también esta vez tienes un hijo.
18Ella al exhalar su alma, a punto de morir, le puso por nombre Benoní, pero su padre le llamó Benjamín.
19Raquel murió y fue sepultada junto al camino de Efrata, es decir, de Belén. 20Jacob erigió una estela sobre su sepulcro; es la estela del sepulcro de Raquel que existe hasta el día de hoy.
21Israel continuó el viaje y plantó la tienda más allá de Migdal–Éder. 22Y sucedió que, habitando Israel en aquella tierra, fue Rubén y se unió a Bilhá, concubina de su padre, e Israel se enteró.
Los hijos de Jacob fueron doce. 23Hijos de Lía: Rubén el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón; 24hijos de Raquel: José y Benjamín; 25hijos de Bilhá, esclava de Raquel: Dan y Neftalí; 26hijos de Zilpá, esclava de Lía: Gad y Aser. Éstos son los hijos que le nacieron a Jacob en Padán–Aram.
27Jacob llegó a donde estaba su padre Isaac, a Mambré, a Quiriat–Arbá, esto es, Hebrón, donde habían habitado Abrahán e Isaac.
28Isaac vivió ciento ochenta años. 29Luego Isaac expiró y murió, yendo a reunirse con sus antepasados, anciano y colmado de días. Sus hijos Esaú y Jacob le dieron sepultura.