COMENTARIO

 Gn 25,19-37,1 

Aquí comienza propiamente la historia de Isaac que continuará hasta 35,29 donde se narra su muerte. Sin embargo, el patriarca protagonista de estos capítulos —excepto del cap. 26— es Jacob. Lo referente a Isaac se ha unido a la historia de Jacob, o antes a la de Abrahán, de forma que sirve prácticamente para hacer pasar la promesa de Abrahán a Jacob. Isaac cobra relieve únicamente como el eslabón entre aquellos.

La historia de Jacob está elaborada recogiendo dos ciclos de tradiciones: uno relativo a Jacob y Esaú; otro a Jacob y Labán. Es el primero el que marca en cierto modo el esquema de la historia de Jacob que se desarrolla de la siguiente forma: 1) relatos en torno a la adquisición de la primogenitura (cfr 25,19-34; 27,1-45); 2) huida lejos de su hermano y de la tierra prometida (cfr 27,46-32,3); 3) vuelta y encuentro con su hermano, y asentamiento de Jacob en Canaán, y de Esaú en Edom (cfr 32,4-37,1).

Jacob (Israel) y Esaú (Edom) representan a la vez a los dos pueblos nacidos de ellos: israelitas y edomitas (cfr 36,8). En las relaciones entre los dos hermanos se perciben a grandes rasgos las relaciones entre Israel y Edom. En efecto, Edom ya estaba en la tierra de Canaán al llegar los israelitas (cfr Nm 20,14-21), por lo que podría considerarse que los edomitas tenían derecho a aquella tierra, de modo análogo a como Esaú fue el primogénito y, por tanto, el heredero natural de los derechos de primogenitura. Sin embargo, fue Israel quien habitó en la tierra de Canaán y llegó incluso a dominar a Edom en tiempos de la monarquía (cfr 2 S 8,13-14), tal como se refleja en el proyecto de Dios sobre los dos niños (cfr Gn 25,23). En las personas de ambos antepasados a cada pueblo se asigna su territorio: a Israel Canaán, a Edom la zona de las montañas de Seír, en la región del desierto al sur del Mar Muerto. De este modo se muestra el cumplimiento de las promesas divinas en la historia de Israel. En efecto, los relatos en torno a la primogenitura dejan entrever que la tierra es una donación gratuita por parte de Dios; y que Dios elige al menor, a aquél que según las leyes humanas no tenía posibilidades de ser el heredero.

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